miércoles, 31 de diciembre de 2014

Recuento de año.

Hacer recuento de año en estas fechas se me ha vuelto una costumbre. Me sirve para recapitular y agradecer los buenos y malos momentos, sin estos últimos no habría crecimiento; también para fijar mis próximas metas. Este 2014 me dejó mucho aprendizaje, superé pruebas que antes no había logrado superar del todo, hoy me siento más ligera y más segura. He logrado encontrar el balance interior, entender mis errores y perdonarme, ver mis aciertos y felicitarme para continuar en la búsqueda de mi crecimiento. Doy gracias a Dios por la salud, el amor y la fuerza, por tener la oportunidad de vivir en este maravilloso lugar rodeada de naturaleza, que me llena de paz y me inspira, doy gracias por tener comunicación con mis ángeles y por sus señales. Doy gracias por todas las bendiciones, porque he aprendido a perdonar y enfrentar mis miedos. Este año fue un año de pruebas. Se puso a prueba mi paciencia, el desprendimiento de las cosas materiales, así como la confianza en la meta que persigo, también me percaté de que la amistad de algunas personas no es tan sincera como creía. Hubo groserías, desengaños y proyectos cancelados. Aunque por otro lado, tuve la oportunidad de hacer presentaciones de mi novela Expediente 93, en Ensenada, Mexicali y DF, lo cual me permitió transmitir mi mensaje y llegar a otras personas que se sintieron identificadas con mi historia. Esos momentos son muy gratificantes y hacen que el trayecto para alcanzar mis sueños valga la pena. También escribir para la revista Coma Suspensivos ha sido una grata experiencia, donde conocí personas y compartí puntos de vista, y mis letras pudieron llegar a otros lectores. En cuanto a mis novelas “La otra cara del asesino” y “Vida arrabalera” finalmente quedaron terminadas y están en espera de encontrar su propio camino. Las dejo al tiempo, confío que un día se publiquen. Las libero, ya hice todo lo que está a mi alcance y las entrego al universo. Este año los libros fueron unos grandes consejeros, maestros de la creatividad e imaginación y mis escritos una especie de catarsis. Inicié un nuevo bosquejo de novela y retomé mi libro de “La llave” aquel libro que a finales de 2013, tuve como visión y hoy trabajo en él. Es una de mis principales meta para 2015, concluirlo y pasar el conocimiento a todo aquel que esté dispuesto a leerme. En general fue un año difícil pero enriquecedor, reí y lloré, pasé muchas horas en soledad. Hubo momentos depresivos donde tuve que armarme de valor y encontrar la fuerza en los detalles pequeños, inclusive cree un espacio en mi cuaderno y lo titulé “cosas que me hacen sonreír” me ayudó mucho y pude percatarme del poder de la sonrisa y sobre todo de que está en nosotros cambiar la actitud (cosa que ya sabemos pero que ponerlo en práctica es diferente). Aprendí también que no debo aferrarme a nada y sobre todo confirmé de nuevo que mi instinto es la mejor brújula. Con esa brújula me voy abriendo camino, tomando decisiones que a veces la razón o el corazón no puede elegir. Me dejo llevar por la luz y la energía positiva y recibo llena de fe al 2015, que estoy segura traerá muchas bendiciones a mi vida y a todos los que me rodean.

martes, 30 de diciembre de 2014

Que no sea demasiado tarde.

Les comparto el escrito para la revista Coma suspensivos. Manuela atendió la llama telefónica. —¿Diga? —Hola, soy yo. José. Manuela guardó silencio acongojada. —No digas nada, sólo escúchame —pidió José—. Anoche soñé que moría y desperté pensando que podemos irnos de este mundo en cualquier momento sin decirle a las personas cuánto las queremos y lo importante que son para nosotros. No recuerdo cuándo fue la última vez que lo dije. Después pensé en nuestra historia y todo lo que significas para mí. Me doy cuenta que eres el amor de mi vida —esperó unos segundos y preguntó— ¿Me quieres aún? —José —dijo Manuela con la voz quebrada— me estás confundiendo con mi hermana —afirmó llorando— murió hace un mes. Hace unos días, revisando las entradas antiguas de mi blog, me encontré con este pequeño diálogo que escribí varios años atrás, y me pareció buena idea compartirlo de nuevo, puesto que ahora que se aproximan las fechas navideñas la gente tiende a hacer regalos o mostrar más afecto que en otra época del año, tal vez por la mercadotecnia, por compromiso, qué se yo. Sin embargo, considero que se debería hacer un hábito regalar más abrazos y más expresiones de amor, no sólo por una fecha comercial, un onomástico o aniversario, sino porque somos más felices cuando nos sumergimos en esa ola contagiosa de cariño sincero. Porque vale la pena expandir esa emoción, ese sentimiento, de nada sirve que se quede guardado, pues nunca se sabe cuánta falta le haga a la persona que lo recibe. Así que exprésate, dilo ¡Que no sea demasiado tarde!

jueves, 11 de diciembre de 2014

La felicidad equivocada.

Les comparto otro texto para la revista Coma Suspensivos. Cuando estaba haciendo investigación para mi novela Vida Arrabalera dos años atrás, me encontré con el nombre de Lupe Vélez entre las artistas de cine que llegaron a asistir en los años 30 al Hotel Playa en Ensenada, ahora Riviera del Pacífico. Hace unas semanas me encontré en la librería su biografía novelada Hollywood era el cielo, de la escritora Celia del Palacio. Son de esas historias que te dejan un hueco en el corazón, esos personajes de carne y hueso que llegaron a ser una especie de sueño, una ilusión efímera. Observo su fotografía y pienso: Con tanta juventud, belleza, las metas alcanzadas, con esa energía que la caracterizaba y le dio el apodo de la Dinamita mexicana con todo lo que logró, y aún así no era feliz. Lupe Vélez obtuvo todo lo que se propuso, era de carácter fuerte y decidido; mi perspectiva es que a pesar de ello fracasó: Triunfó a medias, de dientes para afuera, de carátula, de revista, de pantalla. En el fondo no podía estar en silencio, no podía acallar la mente y el corazón, porque sabía que estaba buscando la felicidad en el lugar equivocado. Algo curioso es que cuando creé el personaje de Estrella, en Vida Arrabalera, le ocurre algo muy similar, y quizá me impactó tanto la historia de Lupe (un año después de finalizar mi novela y leo su vida), porque sin saberlo hice a mi personaje con rasgos psicológicos parecidos: Falta de autoestima, por ende necesidad de reconocimiento, el creer que cuando llegara a la cima sería feliz, así como su derrumbe y la oscuridad que la envolvió y la llevó a tomar la decisión de acabar con su vida. No sé, hay personajes que me han marcado y de alguna manera las admiro muchísimo, como Edith Piaf, Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, ahora Lupe, por mencionar algunas. Eran mujeres fuertes, mujeres que dejaron su nombre en la historia, pero que en el fondo, muy en el fondo, basaban gran parte de su felicidad en el hombre de quien se habían enamorado. ¿Qué da la felicidad?, ¿dónde está?, ¿es momentánea?, ¿es una lucha diaria?, ¿está en el interior, en la paz de tu mente y de tu espíritu, en el perdón? Creo que para eso estamos en esta vida, para perseguir la felicidad. A ti, que estas leyendo esto, ¿Qué te da la felicidad? ¿Qué te llena? ¿Eres feliz?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sin título, sin nombre.

Les comparto mi escrito para la revista Coma Suspensivos. Sangre, dolor, pesar, congoja, almas laceradas, corazones destrozados, muerte… Palabras que suenan a lugares comunes de una novela de terror. Y quisiera que fuera sólo eso: El cliché de una historia macabra, en la que el mal hace de las suyas, pero al final triunfa el bien. ¿Será que México es la antesala del infierno? Que es ¿el infierno mismo? La metafísica me habla de leyes como la causa y el efecto, el ritmo o la polaridad, incluso de la existencia de un karma. El Cristianismo de un castigo divino, el Panteísmo como base del Budismo; de que Dios, la naturaleza y el universo son uno, y así, puedo buscar en todas las religiones, teorías o creencias que ha utilizado el ser humano digamos que para “agarrarse a algo”, pero ¿y para qué? Siendo sinceros, la realidad de la injusticia que existe en nuestro país empaña la visión de un mejor futuro. ¿A qué podemos aferrarnos cuando vemos que esas teorías religiosas no están surtiendo efecto? ¡A nuestra propia fuerza! Debemos levantar la voz, desgañitarnos, actuar. ¡Qué impotencia observar que se diluye frente a nuestros ojos la esperanza, la justicia misma sofocada tras la sombra de una dictadura maldita, donde la corrupción es la reina, donde el poder del dinero y la fuerza de las armas es rey! Es desgastante y aterrador aceptar esta realidad que nos cubre y nos devora, poco a poco, paso a paso, una telaraña cegadora nubla los ojos de muchos, mientras los gobernantes, cual parásitos, reptiles hambrientos, sanguijuelas sedientas, chupan, sorben, beben la sangre, esa sangre derramada de seres humanos que un día pisaron estas tierras y hoy están debajo. Incluso la sangre de los que seguimos vivos. Lo triste es que la gran mayoría no se levantará en contra de esta dictadura, que no habrá una revolución, porque lo cierto es que el miedo de perder a sus familiares y lo que se ha logrado nos detiene. ¡Sí hay comentarios, sí hay molestia, sí hay marchas, sí estamos cansados, sí queremos justicia! ¿Y qué más? La realidad de nuestro agonizante México no tiene nombre, no tiene título, es una herida en carne viva que supura y de verdad quisiera que existiera un karma, porque así tendría la certeza de que tanto dolor tendrá una recompensa.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Caras vemos...

Ésta es una de las anécdotas que más me han dejado perpleja y acongojada. Hace algunos años trabajé en el departamento de compras de una empresa en Ensenada, Baja California. Faustino, mi jefe, era un americano de mediana edad: alto, robusto, con barba y cabello rubio; de carácter afable y respetuoso. Hablaba un español perfecto y evitaba su lengua natal, arguyendo que el español era música para sus oídos. Podría decirse que era el mejor jefe con el que había trabajado hasta esos momentos. Parecía Santa Claus. Éramos cuatro en la oficina, incluido Faustino. Cuatro escritorios colocados en cada esquina del lugar. Faustino sentado de frente a la puerta, controlando la entrada, nadie podía ver la pantalla de su computadora. Él siempre ponía el ejemplo: Llegaba antes y se iba después, jamás escuchamos una queja de su boca; todo era sonrisa y positivismo. Un día no llegó, lo que se nos hizo muy extraño. Nadie supo dar razón de su paradero, tampoco respondía el celular. En ese momento nos percatamos de que jamás hablaba de su familia, no sabíamos siquiera dónde vivía. Pasaron dos días más sin novedad hasta que nos enteramos por el periódico de lo que había sucedido: Faustino estaba preso. Tal fue nuestro asombro al descubrir el motivo de su detención que aun al escribir esta historia se me parte el corazón. No entiendo tanta maldad, no concibo siquiera el pensar en almas tan torcidas que destruyen así la inocencia. Resulta que Faustino era un alias, (se me escapa el nombre de pila) estaba huyendo de las autoridades estadounidenses por pederastia. Había abusado de sus propios hijos y, no conforme con eso, había logrado escapar del país y llegado a Ensenada con documentos falsos y su aire de buen samaritano, para continuar esparciendo su veneno. ¿Por cuánto tiempo habría estado abusando de esos pequeños seres? ¡Qué rabia! ¡Qué impotencia! De pensar que lo tuve frente a mí… Le hubiera escupido a la cara, hubiera sido capaz de arañarlo, de picarle los ojos. Lo capturaron porque las madres de los pequeños, residentes de una colonia de escasos recursos, se les hizo extraño que sus hijos rellenaran los bolsillos con billetes de quinientos pesos. Dieron aviso a las autoridades y luego de seguirlo por un tiempo lo atraparon en un cine. Me pregunto si el haber dejado esas “señales” con el dinero fue el grito inconsciente y desesperado de un demente para que le siguieran el rastro, con el propósito de poner fin a su maldición. Sólo él sabe qué infierno había detrás, empezando por su doble personalidad. ¡Ah! La computadora fue confiscada: Prueba contundente para cerrar el caso. Estuvo frente a nuestras narices y jamás nos percatamos de nada. ¿Quién se lo hubiera imaginado? Caras vemos, mañas no sabemos. Ahora cumple una condena en México y parece que después cumplirá la que le corresponde en Estados Unidos, pero, ¿y los niños, el daño, la fractura, las pesadillas, la angustia, el sufrimiento de las madres y de sus hijos, los malos recuerdos? Es un tema doloroso, oscuro, hiriente. Los que sean padres deben hablar de ese tema con sus hijos, es indispensable romper con cualquier tabú o barrera que se los impida antes de que alguien pretenda hacerles un daño irreparable y les jorobe la existencia.

lunes, 13 de octubre de 2014

El extraterrestre y yo.

La primera vez que vi al extraterrestre eran las seis de la mañana, a mediados de enero de 2003. Lo recuerdo perfecto, como si hubiera sido ayer, pues la impresión que me causó la llevaré conmigo toda la vida, así como su imagen. No puedo explicar con palabras la sensación que experimenté, era tan distinta al miedo o al temor, era tan peculiar como ese ente que tenía enfrente, quizá porque los miedos son aprendidos y temerle a un extraterrestre no estaba en la lista. Abrí los ojos por la fuerza de la luz que había en la ventana de mi recámara y lo descubrí ahí, parado a un lado de mi cama, observándome con sus ojos negros de ónix, con su piel translúcida entre el gris espectral y el blanco etéreo: Era bajito, flaco y sin sexo, con una raya delicada por boca y dos pequeños orificios en la nariz. Se quedó mirándome por un minuto o lo que a mí me pareció un minuto; yo, creyendo en ese momento que estaba en un sueño, me percaté que no era así y salí de la modorra para quedar estupefacta al comprender que eso que me pasaba cada vez más seguido y que no encontraba explicación al momento de quedarme dormida, era debido a ese ser extraño. De alguna manera estaba ahí para decírmelo y por muy loco que parezca, sentí que se estaba despidiendo. Recuerdo haber pensando: Dios mío, es un extraterrestre, por eso cuando rezo no se va. El extraño visitante empezó a desvanecerse lentamente, dejándome con más incógnitas que las que me venía planteando desde tres años atrás. Una vez que se fue, me incorporé y me dirigí a la recámara de mis papás. Me paré a un lado de mi padre. —¿Qué tienes?—, me preguntó medio dormido al percibir mi presencia. —Acabo de ver un extraterrestre en mi cuarto. Mi mamá volteó a verme y mi papá me miró sin decir nada, abrió las cobijas y me acurruqué en el medio de los dos. Todo empezó en julio de 2000. Estaba quedándome dormida cuando noté una energía muy fuerte que paralizó todo mi cuerpo, escuché un sonido muy similar al que emiten los trenes al momento de iniciar la marcha, después percibí unas palabras que no entendí y la sensación de agua en el oído. Luché por abrir mis ojos y alcancé a vislumbrar una nube blanca que empezaba a desvanecerse. Aturdida, pensé y me dije: Es sólo un mal sueño. Sin embargo, ese “mal sueño” siguió ocurriendo cada vez con mayor frecuencia, sin importar donde estuviera, lo mismo en mi casa, en el rancho de mis abuelos en San Vicente o en la casa de mis tíos en Carson, California. Luego de varios meses, me animé a contarle a mi mamá, porque llegué a tener miedo de quedarme dormida. Nunca he sido muy religiosa, aunque viendo la situación, prendí inciensos, eché agua bendita y repeti los padres nuestros que fueran necesarios para sentirme protegida. No obstante, era inútil, pues inclusive cuando estaba luchando, por así decirlo, con la energía extraña y yo consciente, me aferraba a la plegaria aprendida de memoria y nada. Se iba cuando le daba la gana, dejándome con muy pocas fuerzas y la impresión de haber salido del planeta. Estuve lidiando con eso por tres años, luchando por encontrarle una explicación lógica, sin encontrarla, hasta esa mañana de enero donde pude ver al extraterrestre y al fin descansé. Desde entonces, no ha vuelto a sucederme, he contado esta anécdota muy pocas veces, pues entiendo que la mayoría de la gente no crea, ya que literalmente es algo increíble. Meses después estaba viendo un programa de un canal de Londres, donde entrevistaron a personas que habían tenido contacto con extraterrestres. Me quedé muy sorprendida al comprobar que eran las mismas experiencias que yo había tenido. A diferencia de una marca atrás del cráneo, que se borraba en un tiempo, si la tuve o no, ya no hay manera de comprobarlo. Hasta la fecha, salgo por las noches, observo las estrellas y me pregunto: ¿Qué hay más allá? Sinceramente, me gustaría volver a ver al extraterrestre, tengo muchas preguntas por hacer, me siento privilegiada de haber vivido esa experiencia tan extraordinaria, tan única. Me queda claro que no estamos solos y que hay vida en otros planetas. Que quizá somos observados por otros, al igual que nosotros observamos a las hormigas; que, por cierto, tienen mucho parecido con los humanos, pero ése es otro tema…

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sofocando el llanto.

Hace algunos días estaba leyendo un artículo sobre Las Plañideras, mujeres que contrataban en el antiguo Egipto para expresar el dolor en los funerales, porque los deudos tenían prohibido llorar en público. Se vestían con túnicas azuladas, los senos al aire libre y el cabello suelto. Elevaban los brazos como signo de desolación y lloraban a grito abierto, quizá recordando a sus muertos, alguna pena propia o vaya usted a saber, tal vez sólo sacaban a relucir su vena actoral. Luego los romanos continuaron con esa tradición, pensando que el número de plañideras contratadas indicaba su estatus social y también el aprecio por el difunto. Lo que más llamó mi atención es que usaban un vaso especial llamado lacrimatorio, para guardar las lágrimas, y lo enterraban con los restos mortuorios, para honrar al difunto. En cuanto a la tradición cristiana, se creía que esas mujeres con sus llantos desgarradores abrirían las puertas del cielo. Para mí, el llanto es una válvula de escape que me desinfla y a la vez sirve para deshacerme de todo sentimiento negativo. Por eso pensé, por ejemplo, cómo sería en aquel tiempo para una madre tener que aguantar las lágrimas por la muerte de su hijo, aparentar tranquilidad y comportarse a la altura de lo que exigía el protocolo. El retener las emociones genera pesar en nuestro espíritu, y si pensamos que todo es energía, nuestras emociones son la expresión misma de ella, por eso se transforma o se exterioriza a través de acciones como la palabra, el llanto o la risa, por mencionar algunas. Aun en la actualidad, nos enfrentamos a esa presión egipcia: Quién no ha escuchado “Los hombres no lloran” o “Estás llorando como niña” y miles de frases similares que orillan a reprimirse hasta que toda la carga a lo largo de los años puede detonar en una serie de complicaciones físicas y psicológicas, pues nadie quiere lucir débil ante los demás. El ser humano, entre más niega, se cierra o aferra a algo, incrementa y otorga poder a eso de lo que pretende huir y lo único que logra es dañarse a sí mismo. El insomnio, la conducta compulsiva, las adicciones, el estrés o los problemas digestivos, pueden ser un ejemplo del lenguaje corporal que se manifiesta por el sofoco de las emociones (claro, existen muchos otros detonantes y es mucho más complejo que eso, pero centrémonos en el tema de no expresar lo que sentimos). Sé que no es tarea fácil arrancar el bagaje negativo y transformarlo en ese cristal salado que nuestra ventana del alma deja escapar al abrir la válvula de desfogue, pero, sin duda, el llanto es una liberación, un torrente que limpia. Incluso en países como Japón o Chile practican la terapia del llanto. El Dr. Hugo Fuchslocher menciona que: “Las lágrimas contienen hormonas muy similares a las del crecimiento. De esta manera el llanto en los adultos podría relacionarse también con procesos evolutivos a nivel interno, como lo son la maduración y la elevación a nivel conciencia”. Así que no tengamos pena de expresarnos o de llorar como plañideras (digo, tampoco es que vamos a ir “chillando” por los rincones a cada rato, pero sí encontrar un momento para limpiar el interior). Sintámonos orgullosos de que somos lo suficientemente valientes y tenemos la fortaleza de ser nosotros mismos y de perseguir nuestra felicidad sin importar lo que piensen los demás. Al fin de cuentas, de eso también se trata este viaje de la vida: De expresarnos con palabras, con gestos, con abrazos y, ¿cómo no? ¡Con lágrimas!

lunes, 15 de septiembre de 2014

Toca, ve, prueba, huele, escucha.

¿Cuántas veces en el día te percatas de lo maravilloso que son tus cinco sentidos? El día a día transcurre tan aprisa que detenernos a pensar en el tacto, la vista, el gusto, el olfato o el oído pasa a segundo término, a menos que carezcas de ellos por alguna circunstancia, inclusive pueden pasar días, semanas o meses sin que tomemos conciencia de ello. El prestar atención a nuestros sentidos, nos vuele más alertas, desarrolla la creatividad, nos pone de buenas, eleva la energía, ayuda a descubrir qué es lo que nos pide el cuerpo y también en algunos casos a fomentar la meditación. Justo en el preciso momento que estás leyendo este escrito, tus ojos van de un lado a otro saltando entre las letras, tus dedos tocan el teclado ¿Sientes cómo sobresalen del tablero? Tu cuerpo sentado, quizá en alguna silla cómoda o no, eso sólo tú lo sabes, ¿cómo sientes tus glúteos, tu espalda, tus piernas, el cuello? Estás tomando alguna bebida, ¿a qué sabe? ¿Es fría, caliente? ¿A qué huele tu oficina, el salón o sea cual sea el lugar donde te encuentras? ¿Qué sonidos te envuelven? Nuestro cuerpo es la “carroza que nos transporta en esta vida” —como dirían los tibetanos—, es un medio que nos guiará por el tiempo que nos tenga que servir. Por eso: Observa todo lo que puedas y agradece. Toca, siente las diferentes texturas, revive las sensaciones de cuando niño explorador y sonríe. Huele, huele lo que te guste y lo que no, lo que te abra el apetito, lo que te remonte a la infancia. Respira hondo y profundo, llena tus pulmones, exhala y deja ir alguna pena que le esté agregando kilos a tu espíritu. Prueba, degusta, saborea; tu cuerpo sabe qué le hace bien y qué le hace mal, aprende los límites pero también date gustos. Escucha, escucha tu interior, el sonido que emana de ti, ¿qué quieres? ¿Hacia dónde vas? ¿Qué música llevas dentro? ¿Qué te dice el viento, las aves, las flores, la lluvia? ¿Qué te dicen las personas que amas? ¿Interpretas lo que quieres o es lo que en realidad te dicen? La vida también, es una conformación de places y el placer de sentirnos felices depende de nosotros, los cinco sentidos son una vía para llenar el interior y exteriorizarlo. Elógiate y elogia, abrázate y abraza, bésate y besa, perfúmate y perfuma a los que te rodean, mírate y mira. No podemos dar lo que no tenemos, así que llena tus sentidos. ¡Vive! Valora tu cuerpo, consiéntete, los sentidos fungen como brújula. Eres más feliz cuando no retienes las emociones o las sensaciones, pues si ocurre lo contrario, estás construyendo una pared interpuesta ante ti mismo, aprende a defender ese gusto o esa opinión, construye tu fortaleza no limitándote sino permitiéndote sentir.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Somos lo que pensamos.

Cada vez con mayor frecuencia en las redes sociales encontramos frases, comentarios o mensajes que tienen la intención de mejorar el ánimo, hacer recapacitar o dejar algo positivo. Quizá lo logre, aunque lo más probable es que se olvide al minuto siguiente. ¿Cuántos de nosotros en realidad ponemos en práctica esos mensajes? Lo que me queda claro es que el ser humano tiene la necesidad en poca o gran medida de buscar el crecimiento interno. Sin duda, somos lo que pensamos y actuamos de acuerdo a ello. Creamos lo que creemos y materializamos lo que visualizamos: los pensamientos son un reflejo del alma. Somos un espejo. Los pintores, escultores, escritores, músicos y todas las personas creativas viven el arte como una extensión de su propia ser, son el reflejo de lo que su mente imagina para luego plasmar su idea y regalarla al mundo. No entenderíamos la historia sin el arte, aunque esto no es exclusivo de los artistas, esto nos corresponde a todos, pues somos una extensión del mundo y estamos conectados. Con frecuencia nos dejamos deslumbrar por la falsa carátula que impone la sociedad en cuanto a belleza, éxito y felicidad por mencionar algunas. ¿Qué es la belleza? ¿Qué es éxito? ¿Qué es felicidad? Hace poco me preguntaron si yo era rica. Me reí y le respondí con una pregunta ¿A cuál riqueza te refieres: espiritual, física, monetaria? Todo es relativo. Algunas personas ven la belleza en el color de la piel, en la abundancia o la escasez de las carnes, en la naturaleza, en algo palpable o etéreo. Hay gente que considera que el éxito es poder, dinero o acumulación de bienes. Para muchos la felicidad está en encontrar el amor de una persona e ignora que la felicidad está dentro de uno mismo. Como esos hay muchos ejemplos y todos son una proyección del inconsciente de cada individuo al igual que un proceso de su evolución. Empecemos a despojarnos de las imposiciones y escuchemos la voz interior, rompamos patrones de a poco, nadie lo hará por nosotros y necesitamos contribuir a crear un mejor presente. Seamos un canal de luz para los que nos rodean. Pon toda tu disposición para reinventarte y crecer. Ayuda en todo lo que puedas, tu granito de arena es la semilla para que otros se sumen a ese ejemplo, pero sobre todo no te des por vencido; pues recuerda que somos lo que pensamos y tus pensamientos te vuelven libre o esclavo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Persiguiendo a la musa.

La hoja en blanco es un reto diario. Para quien pretende hacer de la escritura una profesión y no un pasatiempo, debe sentarse al menos cinco o seis horas todos los días para extraer esos pensamientos que le acechan y ponerlos en papel. Escribir, escribir, escribir y corregir, corregir, corregir es la única manera de saber si esa idea que le ronda rendirá frutos. Si bien es cierto que la inspiración puede llegar en cualquier momento, también es cierto que no es tan común que se aparezca de la nada, siempre es mejor que te pille trabajando. Puede guiñarte el ojo, regalarte una sonrisa, inclusive tocarte la mejilla; si le da la gana. Ella puede sorprenderte en un corto instante, en algo que atrape tu mirada, que huelas en el ambiente, un movimiento que despierte algún sentimiento artístico en tu alma; esos momentos son oportunidades que no puedes dejar pasar y lamentablemente para muchos no ocurre tan seguido, inclusive se ha llegado a comentar que la musa no existe. Yo creo que sí existe, sólo que como todo en la vida hay que ir tras ella, buscarla, escarbar en todo lo posible, hurgar en los recuerdos y las vivencias, exprimir la imaginación, levantar las piedras del camino que llevan hasta su guarida. Me la imagino hermosa y la veo con forma de mujer. Con un aura luminosa que irradia arte hacia todo lo que la rodea, montada en un corcel blanco galopando por las escarpadas pendientes de la creatividad, infundiendo pasión en todo lo que toca a su paso. Es aquí cuando debemos perseguirla, tomar la determinación de alcanzarla, a veces pareciese que entre más nos acercamos a ella, más se aleja. A la musa, como a la mujer le gusta ser conquistada, que le demuestren que vale la pena tenerla de compañera, pues su presea tiene valor incalculable y por tal motivo te pondrá a prueba. No pretende entregarla a quien no se esfuerza. Sabemos que no existe una fórmula perfecta para escribir. A escribir se aprende escribiendo, sobre ensayo y error. No obstante es indispensable tomar en consideración que el oficio del escritor requiere, al igual que otros oficios; de disciplina, esfuerzo, paciencia, amor, coraje, sensibilidad, entrega, positivismo, tenacidad y la lista es interminable, sin embargo, cuando hemos puesto todo de nuestra parte, inclusive hasta inventado palabras o nuevos universos, la musa se apiada. Se detiene un instante un poco más largo, a un lado quizá, de la taza de café, de las colillas del cigarro, del vaso con whisky o la copa de vino a medio terminar, tal vez, se digna a bajar de su corcel y te posa la mano en el hombro, te dicta, te sopla, te inyecta un poco de esa pasión creativa y te invita a dar un corto paseo por su mundo y luego se esfuma. El escritor que ha visto su impresionante belleza, su magnífico poder, se convierte en adicto. Se le vuelve una obsesión sentirla de nuevo y sigue escudriñando entre las letras y su mente, creando con el hilo de pensamientos un puente para volver a verla, pues sabe que en su historia tendrá la recompensa. Su arte plasmado tomará el camino hacia otro ojos, tocará otras vidas, otros corazones, seguirá esparciendo la magia de la musa. Y ella, contenta con el resultado, puede que regrese al escritor y le regale otro soplo, e inclusive un beso al confirmar que él sigue trabajando por conquistarla de nuevo, por pretenderla, por perseguirla sin descanso.

miércoles, 30 de julio de 2014

El Valle de Guadalupe.

El Valle de Guadalupe es una joya natural del Estado de Baja California, ubicado a 30 Km de la ciudad de Ensenada. Sus matices convergen en una fusión poética para los sentidos, brindando a todo aquel que lo conoce de regocijo, paz y tranquilidad, pues es una invitación al descanso y al reencuentro con la naturaleza. Los tonos bermejos y ocres de su tierra, verdes y azules de follaje y cielo, se unen en una confluencia agradable que logra el ambiente perfecto. Es en este escenario de clima placentero, donde el trabajo, la visión y los sueños del hombre se engarzan para crear una magia que se resume en pasión por el arte, el vino y la gastronomía. La calidez de su gente y la bondad de su tierra, crean el conjunto perfecto aunado al esfuerzo y entrega de quienes ofrecen un excelente servicio para saciar los paladares más exigentes. Lo que ha dotado al Valle de Guadalupe de una magnífica reputación a nivel internacional, pues la calidad de sus productos son mundialmente reconocidos, llevando en alto y con gran orgullo el nombre de nuestro país y sobre todo de nuestro estado. El Valle de Guadalupe ofrece una diversa gama de opciones, tales como restaurantes, hoteles y vinícolas; es el lugar perfecto para pasar una velada inolvidable, una vacaciones de ensueño o un fin de semana para convivir con la naturaleza. Los exhorto a que visiten esta majestuosa tierra y disfruten de sus magníficas bondades.

jueves, 17 de julio de 2014

Hay que viajar ligero por la vida.

Si tuvieras pocos minutos para salir de tu hogar y tomar algunas pertenencias, ¿qué escogerías? Ésa fue la situación en la que nos vimos mi marido, Francisco, y yo el pasado 15 de junio a consecuencia de un incendio cercano a nuestra casa. Dulzura, California, en primavera, otoño e invierno puede ser un paraíso, pero el verano es peligroso, pues es temporada de incendios. Nos preparábamos para salir a festejar el Día del Padre, en la playa de Coronado, cuando percibí un olor a quemado. Se me aceleró el pulso. Al vernos en riesgo un torbellino de emociones encontradas me invadió. De pronto ese lugar de naturaleza, paz y tranquilidad puede no serlo. No es la primera vez que sucede, de hecho es la tercera. Salí para ver de dónde provenía el fuego: Vislumbré el humo tras las montañas del sur y aunque la lumbre no estaba tan cerca, podía propagarse de un segundo a otro. Cayeron cenizas a mis pies. Eso, por una parte era bueno, me indicaba que ya estaban combatiendo la lumbre, pero por otro lado era todo lo contrario, pues también con las cenizas se puede iniciar otro incendio. —Hay que llevarnos lo más importante— dijo Paco. Precisamente para estos casos tengo preparada una maleta con documentos. En otra algo de ropa, la computadora y listo. El ruido de los aviones apagando el fuego me tranquilizó. Subimos los perros y las maletas al vehículo, y emprendimos la marcha. Confié en que el peligro pasaría. Conforme nos acercábamos a la salida (aclaro que vivo en un rancho y hay un solo camino para salir de la propiedad) nos aproximábamos hacia el lugar del incidente. Los bomberos y la policía tenían bloqueado el paso. Se acercaron para comentarnos que la situación estaba controlada. Podíamos disfrutar el Día del Padre sin preocupaciones. Durante el trayecto a la playa iba pensando en esos momentos donde hacemos planes: Antes de lo ocurrido el mío era muy sencillo; quería relajarme en la playa, sentir la arena, meter los pies en el mar, disfrutar el Sol sobre el rostro y leer un buen libro acompañada del sonido de las olas. Después del incidente, iba pensando en que la vida te puede cambiar en un segundo. Bien dice el dicho “Uno pone y Dios dispone”, gracias a Dios que pude llevar a cabo mis planes. También cavilaba en que me siento contenta de no tener apegos materiales, claro que me hubiera dolido perder mi casa, pues nadie quiere quedarse sin techo, sin embargo, tenía conmigo lo que más atesoro: Salud, mi marido y mis perros. También mi computadora y mi bolsa (objetos de extrema importancia) pensé que con lo que llevaba en ese momento podía iniciar en cualquier parte. Viajo ligera por la vida, ¿y tú?

lunes, 7 de julio de 2014

La importancia de los colores en nuestra vida.

Los colores son un elemento importante. En ocasiones olvidamos la repercusión e influencia que provocan en el entorno y nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, los colores son usados por las empresas para atraer gente, vender más, llamar la atención sobre algún producto e inclusive para dominar. Así como el lenguaje corporal envía mensajes y vibraciones, los colores también tienen ese poder. Son utilizados como herramienta, pues transmiten frecuencias energéticas y elevan el autoestima. Puedes vestir o usar objetos que provoquen un mejor ánimo, pintar las paredes de tu casa u oficina para crear un espacio de luz, calma y tranquilidad. · Si te sientes cansado, rechazado o triste intenta vestir de rojo, este color provoca asertividad, fuerza y equilibrio. · Si estás frustrado, enfermo o enojado el verde te hará sentir armonía y paz. · Para combatir el letargo o la melancolía, el color naranja alimentará tu entusiasmo, este color también estimula el apetito y la conversación. · Si te circunda un ambiente problemático, el rosa es una buena opción para tranquilizarte, además promueve el afecto. · Si hay mucho estrés en tu vida, el color violeta produce un efecto de calma y te acerca a lo místico. · El color azul relaja y refresca, así que si estás nervioso, vestirte de este color o pintar una pared de tu cuarto será de gran ayuda. · Para la depresión, la frustración y la soledad, el color amarillo aumenta tu energía. · El color negro da autoridad e independencia, así que si te sientes vulnerable o sensible vístete de este tono. Si bien es cierto que no se pueden resolver los problemas de la vida cotidiana con el simple hecho de vestirse de colores, como si fuera una varita mágica, sí considero importante que al menos sepamos lo que significa y conozcamos las repercusiones que provocan en nuestros sentidos. Lo más importante es que estemos conscientes de las sensaciones y circunstancias que nos rodean, que aprendamos a analizar y comprender que somos los únicos que podemos cambiar nuestro entorno con acciones, con pensamientos, con actos bondadosos y que los colores pueden contribuir a que se mejore el ambiente y vibremos con una energía más elevada para atraer cosas lindas y positivas. Y como dijo Audrey Hepburn: “Pienso en rosa. Creo que reírse es la mejor manera de quemar calorías. Creo en los besos, en besar mucho. Creo en ser fuerte cuando todo parece ir mal. Y creo que las chicas felices son las más bellas. Creo que mañana es otro día y creo en los milagros”.

viernes, 30 de mayo de 2014

Amor Incondicional

Estaba sentada en la recepción del consultorio médico esperando ser atendida. Frente a mí, una señora de edad adulta me sonrió. Éramos las únicas en la sala y para olvidarnos del tiempo, empezamos a platicar. El tema recayó en su niñez, me dijo que había sido educada en el colegio Guadalupe Victoria, una escuela fundada y dirigida por monjas. Yo de niña estudié en la primaria Matías Gómez, ésta se encuentra contra esquina de ese colegio. Siempre me preguntaba cómo sería estudiar ahí, dentro de esas enormes paredes pintadas de azul y rejas negras. Me imaginaba historias terroríficas de monjes que espantaban o de monjas regañonas. La señora se rió al comentarle mis pensamientos. — No, las monjitas eran muy buenas — aseguró. — Y, ¿por qué estaba estudiando usted ahí? — Mi mamá me internó cuando yo tenía ocho años, eso fue en 1942, estoy a punto de cumplir ochenta — se sonrió. Llegué cuando la escuela iba empezando y era una casita pequeña. Éramos sólo siete niñas, yo era la número siete. Nos asignaban números para que no mezcláramos la ropa. Mi mamá me dejó ahí porque estaba enferma, sabía que se iba a morir y quería que tuviera una buena educación. Vi la tristeza a través de sus gafas de aumento. — ¿Qué les enseñaban? — quise saber. — Primero, nos levantábamos a las seis y teníamos quince minutos para tender la cama, otros quince para arreglarnos e ir al comedor, pues antes de las siete debíamos asistir a misa. Luego al finalizar la ceremonia íbamos a clases. Nos enseñaban español, geografía, historia, matemáticas también a coser y bordar. Sentí ternura por la viejita, sus ojos brillaban al recordar. — Tardé mucho en recuperarme de la separación de mi mamá — me dijo — entré en depresión porque la veía muy poco, perdí el apetito, así que bajé mucho de peso. Luego poco después de que cumplí diez años se murió — me contó con un nudo en la garganta. — Lo lamento — es lo único que atiné a decirle, sentí congoja al ver que se le llenaban los ojos. — Sí, ya ves, han pasado setenta años y aún no puedo superar su pérdida. Me hubiera gustado mucho poder tenerla a mi lado, hablar con ella, abrazarla — mientras me contaba yo trataba de ser fuerte y buscar la manera de cambiar la conversación. Qué pena señora, ya la hice llorar — dije preocupada. — No te apures, me has hecho revivir lindos momentos — me sonrió — las monjitas hicieron todo lo posible por darme amor, pero nada ni nadie puede igualar el amor de una madre. Llegó el momento de mi consulta y me despedí de la señora. Mientras agradecía en silencio a Dios por la fortuna de tener a mi madre conmigo. Sé que nunca será suficiente, ni habrá forma de retribuir el amor incondicional de una madre. Esa primera persona que conocemos, con la que nos une un lazo férreo e indestructible y lo reconocemos desde el primer momento. Es en quien la naturaleza posó su sentimiento más sublime para darle forma y convertirlo en madre. La madre es el ciclo de vida, ejemplo de fortaleza, núcleo de todo ser humano. Bebemos la leche materna y nos fundimos en uno, madre-hijo, hijo-madre, en un acto bello de energía luminosa tan antiguo como la vida misma, en un pacto de amor que trasciende espacios, lugares y fronteras. Yo soy en gran medida lo que soy por mi madre. Mi madre se llama María de los Ángeles Rodríguez López y como su nombre lo dice, ha sido el ángel de guía, protección, valor y enseñanza. Gracias, mami, por estar siempre ahí, por darme tu tiempo, tu paciencia, tu cariño. Tu amor incondicional. ¡Te amo!

viernes, 9 de mayo de 2014

Yo, de niña.

Es con el corazón como vemos correctamente; Lo esencial es invisible a los ojos. Antoine de Saint-Exupéry. El Principito. Todos tenemos anécdotas que recordar de la niñez, pues esas experiencias han contribuido a nuestro desarrollo e inclusive, influyen en la etapa adulta para tomar decisiones, ya que nos hemos forjado durante ese periodo y gran parte de lo que somos hoy es un reflejo de ello. Nos marcan las personas, las experiencias, las situaciones, favoreciendo al cúmulo de vivencias y reminiscencias, así como del despertar en el asombro y la curiosidad. No recuerdo dónde leí o escuché que cuando no encuentras tu vocación o tu pasión, pienses en tu niñez e intentes hacer de tu vida un juego. Yo, cuando pienso en mi niñez, pienso en mi prima Gloria. Mi prima Gloria es un ser maravilloso y fuerte, un ejemplo de vida. Era gemela. Las niñas adelantaron su llegada a este mundo con cinco meses de gestación, un 17 de mayo de 1980. Los médicos creían que no pasaría la noche, aun así, introdujeron su pequeño y flácido cuerpo en la incubadora. Para su sorpresa Gloria vivió. Cecilia pereció al día siguiente. Mi prima Gloria se enfrentó al mundo sin vista, por la negligencia médica de no vendar sus ojos cuando estuvo en la incubadora, sin embargo, esa discapacidad no detuvo su caminar por la vida. Sus ganas de oler, de probar, de tocar, de escuchar, de sonreír. Desarrolló todos los sentidos para sustituir el faltante, que a fin de cuentas, nunca conoció. Te pregunto, ¿cómo juegas con una niña de tu edad que no ve? Muy sencillo. Usando el resto de los sentidos igual que ella. Jugando con la imaginación. Creando historias. Comiendo nieve, galletas, papitas, dulces, pasteles de chocolate. Inventando canciones, disfrazándote, dejando que sea tu muñeca, para pintarla y vestirla y luego al revés, aunque el maquillaje no quede parejo. Narrando las caricaturas de la tele, o escuchando los discos de Cri-Cri, haciendo galletas de lodo o, simplemente, tirarte en el pasto para sentir el viento sobre el rostro. Gloria me enseñó a ver la transparencia del alma, a apreciar a las personas por cómo se siente su vibra y su energía, no por lo que llevan puesto o por la belleza física, sino por el tono de su voz y, sobre todo y lo más importante, a enfrentar el día a día con entereza y tesón, a ser fuerte a pesar de las adversidades, a vivir libre de rencores o de complejos. Por eso, cuando me enfrento a un problema, recuerdo a mi prima y todo me parece más sencillo, pues como ella, las personas con alguna discapacidad son una especie de ángel, que vienen a enseñarnos sobre las cosas esenciales de la vida, como el amor, la fe y la certeza de que estamos aquí para aprender y ayudar a otros, sobre todo a recordarnos que nunca debemos olvidarnos del niño que llevamos dentro.

lunes, 21 de abril de 2014

Entre pandilleros.

Les comparto mi colaboración en la revista Coma Suspensivos. Entre pandilleros. Las casi tres horas y media que aproximadamente dura el vuelo de regreso del Distrito Federal a Tijuana parecían haberse reducido a una. A algunas personas, cuando saben que escribo, les gusta contarme su historia, y la historia de los dos jóvenes que venían sentados a mi lado me dejó pasmada. Uno es de complexión robusta, llevaba la cabeza rapada y la mayor parte de su piel tatuada con dibujos extraños. Iba vestido con camisa a cuadros, pantaloncillos cortos y anchos, calcetines a la rodilla y tenis blancos. El otro, un poco mas delgado y alto, vestía pantalón café y camisa azul de manga larga. Tenía tatuajes en el cuello y en los dedos. A los pocos minutos de que el avión despegara empezaron a sacarme plática. Preguntaron a qué me dedicaba. Les dije que escribía, lo cual pareció el detonante que les sirvió de desahogo. El de los pantaloncillos cortos se llama José y el de camisa azul Raúl, son hermanos. José tiene 36 años y Raúl 38. Habían pasado una temporada en la capital, visitando a familiares que no conocían. Crecieron en Los Ángeles, California, pero ahora viven en Rosarito, pues los deportaron de Estados Unidos, después de cumplir una condena de varios años por drogas, fraude y asesinato. Pertenecían a una pandilla en el este de Los Ángeles y lo decían con orgullo. Es un mundo que sólo he visto en las películas, y tener a esos dos jóvenes a un lado me pareció una anécdota muy peculiar. —¿Cómo fue que entraron a la pandilla? —quise saber. —You know, desde chicos vemos a nuestros amigos o cousins pertenecer a una, es cuestión de respeto, de protección. —¿Y qué tienen que hacer para pertenecer a ella? —No pos, aguantar chingadazos, te dejan caer patadas por varios minutos hasta que quedas todo madreado —respondió Raúl. —¿Y después? —Pos si aguantas ya estás dentro. —¿Y si te quieres salir? —You can’t —dijo José. —¿No? —Never —afirmó moviendo al tiempo que corroboraba con su cabeza— con la muerte nomás. —Y cuando estaban chicos, ¿qué les decían sus padres? —They were working all the time, so no tenían tiempo de ocuparse de nosotros, cuando morros, se supone que íbamos pa’la school, pero nos íbamos pa’con los friends. Ellos sí nos entendían. —Platíquenme de su pandilla. —We fought por el territorio, you know. Nos hacíamos un vest con magazines, tú sabes, y nos *enteipábamos el chest, pa’que los navajazos no nos perforaran al’hora de defendernos. Me contaron que habían caído en la cárcel en más de dos ocasiones por venta de drogas, por estafas y José por asesinato. Que dentro de la cárcel hay un “cuidador de llaves” al que tienen que rendirle respeto y tributo, tanto fuera como dentro del presidio, entregar la ganancia de la venta de drogas y que éste maneja todo desde ahí. Dentro de la cárcel las divisiones se hacen por razas: Asiáticos con asiáticos, latinos con latinos, negros con negros, anglosajones con anglosajones, etcétera. Batidos en una lucha por el poder. Cuidando siempre sus espaldas. —¿Qué sentiste cuando mataste a alguien? —le pregunté a José. —¡Me sentí liberado! La expresión de sus ojos, de su rostro y la misma respuesta me dejaron sin aliento. Nunca había tenido de frente a un asesino confeso. ¿En qué momento su vida había tomado ese rumbo?, ¿habría tenido oportunidad de elegir?, ¿hasta qué punto se puede culpar a los padres por las acciones de los hijos? Cuando esos padres, de México o de cualquier otro país, llegan a Estados Unidos con la esperanza de una vida mejor para ellos y su familia, pensando que “el otro lado” es todo color de rosa, la verdad es que se enfrentan al racismo, al rechazo y a la dificultad del idioma. Viven amontonados en una casa pequeña, porque no les alcanza para más. Las segundas generaciones no pueden comunicarse, muchos se niegan a hablar español, los aleja cada vez más una barrera invisible que transforma sus relaciones. Dolorosamente se avergüenzan de sus raíces y es una pena. Los integrantes de las pandillas encuentran en esa unión una nueva hermandad. Los envuelve una bruma de violencia y lucha por dominar el territorio, “que no se metan con su calle, que no les roben clientes a su droga o lo van a pagar”, cubiertos de ira desfogan sus miedos, su propia angustia, enterrando la navaja. Los mueve el dinero, el sexo y la droga, no entienden de valores, ¿cómo van a comprender algo que no les fue inculcado? Claro, existen las excepciones, pero los que viven en un barrio donde los primos, los hermanos, los amigos, los vecinos forman parte de una pandilla no tienen muchas opciones y pertenecer a ella les brinda la seguridad que no encuentran en otra parte, —le entras o le entras— me dijo Raúl. El vuelo había llegado a su destino y la plática no daba para más. Cada quien tomó su rumbo. Nos despedimos, los vi alejarse, símil de almas en pena, fantasmas enclenques… Han pasado cinco años del encuentro con esos dos chicos, a veces me pregunto, ¿seguirán con vida?, ¿tratarían de cruzar la frontera ilegalmente para regresar al único mundo que conocen?, ¿formarían su propia pandilla? Lo cierto es que repiten un patrón de conducta y al parecer no termina. Es un ciclo que sólo unos cuantos logran romper. Mientras tanto, los integrantes de esos barrios siguen protegiendo sus espaldas, con revistas amarradas al pecho, armas blancas o de fuego para hacerse fuertes y de esa forma sobrevivir, pues nunca saben si en la siguiente pelea ganarán la batalla.

sábado, 5 de abril de 2014

Una experiencia ecuestre muy diferente.

Les comparto mi escrito para la revista Coma Suspensivos. www.comasuspensivos.com.mx Andrea es una niña de piel clara, cabello oscuro y rizado, recogido en dos coletas. Tiene seis años y parálisis cerebral. La conocí un lunes hace un par de semanas, durante su equinoterapia. Estaba recostada, bocabajo sobre el lomo de Castaña, un caballo color canela. —Hola Andrea —saludé. Ella, al escuchar mi voz, hizo un gran esfuerzo por volver su cabeza y fijar la mirada. Le llamaron la atención mis lentes de sol, me di cuenta porque arrugó el entrecejo y después mostró el asomo de una sonrisa, que le cambió la expresión en el rostro. —¿Cuánto tiempo lleva tomando la terapia? —pregunté a Magui, la encargada —Tres años. —¿Ha notado evolución desde que iniciaron? —quise saber. —Sí, ha sido increíble —respondió—, cuando Andrea llegó era semejante a una muñeca de trapo, no tenía nada de fuerza. Ahora ya puede empujarse un poco y aunque ha sido lento, estamos muy contentos con el avance. Sabemos que va a seguir mejorando. Me acerqué a la niña, extendí mi mano para tocarla. Ella tomó mi dedo índice y lo envolvió con sus deditos. Entendí su saludo: Un ligero apretón. Con él me decía hola, me contaba que la terapia iba bien. Quise observar un poco más del método terapéutico. Andrea se abrazaba al caballo, sintiendo la crin, dejándose llevar por la cadencia del animal, al tiempo que Magui se encargaba de protegerla, caminado a un lado. La equinoterapia estimula las articulaciones y los músculos del ser humano. Se presume que los movimientos del caballo son semejantes al caminar del hombre, por tanto, las personas que tiene alguna discapacidad se sienten protegidas y fuertes con el vaivén del equino. Esta actividad rehabilitadora provoca una evolución en el área psicológica, congnitiva, neuromuscular y social, disminuyendo así la ansiedad, ayudando a superar los miedos, estimulando la comunicación, mejorando la capacidad respiratoria, fortaleciendo los músculos, entre muchas otras más ventajas. La bondad de los animales es sanadora. ¿Cuántos de nosotros, que tenemos y convivimos a diario con una mascota podemos dar testimonio del amor incondicional que son capaces de dar? En este caso, Castaña muestra una paciencia y una docilidad que van más allá del simple entendimiento y comportamiento animal, es como si supiera a la perfección que Andrea necesita de su apoyo. Existe una conexión, un enlace que se siente, se percibe en el aire, un hilo dorado que los engancha, los ata de manera mágica, profunda, espiritual. No hay necesidad de hablar, tan sólo de sentir, de palpar. Las manitas de Andrea tocan a Castaña y esto le despierta las sensaciones, los sentidos. Castaña, por su parte, percibe la sinceridad que existe en el corazón de Andrea y continúa su paso, le transmite esa fortaleza de animal salvaje, de trote seguro, de libertad y se vuelven uno, confían, avanzan, experimentan. Veo la escena y no puedo evitar compararla con la fragilidad de la vida y sus enseñanzas. Para Andrea es un caballo, para mí ese caballo es un sueño, una meta, una pasión. ¿Cuántas personas en este mundo no aprovechan la oportunidad de subirse a ese caballo para crecer, avanzar, mejorar en cualquiera que sea ese sentido? Haber conocido a Andrea y la equinoterapia de cerca, aparte de percibir la fortaleza de la pequeñita para enfrentarse a la vida, me deja también la moraleja de que no importa el impedimento al que nos enfrentemos, la fortaleza de espíritu es mucho más poderosa que el esqueleto.

miércoles, 2 de abril de 2014

Autoestima.

Hace poco me hicieron una pregunta. Cómo puedo mejorar mi autoestima? La mejor solución sería, tener una varita mágica para arreglar nuestros defectos, resolver los pendientes, corregir los errores y bueno, la lista de deseos continua..., lo cierto es que nadie puede solucionarte nada, habrá algunas excepciones donde los padres, los amigos, el novio, el marido, el dinero, te ayude "por encimita" a maquillar algún pendiente, o problema, que te haga sentir cómodo o comprendido, inclusive aceptado, pero en el fondo, sigues con los mismos temores, acumulas inseguridades que te van debilitando al momento de hacer frente a "x" situación que demande tu coraje. Y es ahí cuando te das cuenta de cómo está tu autoestima. Por ejemplo. Si el novio te engaña con otra chica (supongamos que sucede en la etapa adolescente) lo perdonas y regresas? lo perdonas y lo dejas ir? No lo perdonas pero guardas resentimientos? Sabemos que la traición es un golpe al ego, también depende de cuánto te valores o valores la situación. Por ejemplo, tu jefe o jefa, sabe que tienes talento y no te paga lo que mereces ni reconoce tu esfuerzo,(como miles de casos) lo enfrentas? abordas el tema con tiento? te sientes fuerte para buscar otras opciones? Esperas a que alguien te valore? Por cuánto tiempo te quedas trabajando ahí? Otro caso muy común, es que te gustaría correr nuevos retos, hacer algo artístico por mencionar algo (como también es mi caso), pero esos retos también incluye exponerte a las críticas, por ende aceptar el rechazo. Te animas de cualquier forma? pues esos son algunos ejemplos para conocer cómo está tu autoestima. Lo que a mi me ha resultado es saber qué tan al pie de la letra cumplo mis propias promesas. Tomaré el ejemplo del novio traicionero, situación que me ocurrió en varias ocasiones. Cuando mi primer novio a los quince años me pintó el cuerno con otra niña, supe muy en el fondo que eso estaba mal, un instinto de inconformidad me gritaba que no podía volver a tomarlo de la mano, sabiendo que había bailado con otra,tampoco podía volver a besarlo,(cosa que intenté cuando pidió mi perdón) y entonces lo terminé, siguiendo a la voz que me gritaba respeto. Lloré su traición y no volví a tener novio sino hasta cuatro años después. Tanto me marcó ese engaño, pero quedé muy satisfecha de saber que estaba siendo fiel y honesta a mi sentir. En eso creo que radica el autoestima, en darte el valor que tú quieres darte y que exiges que otros también te den. Eso te va formando el carácter. Es un conjunto de integración tanto de pensamiento, de aceptación, vivencias, oportunidades y fuerza de voluntad. Es un camino difícil cuando se crece con inseguridades, aunque lo importante es reconocer esas inseguridades, tener la capacidad para analizarse, criticarse de manera constructiva y abierta de tal forma que podamos ver los errores. También creo que algo fundamental es el perdón, pues así te liberas. Me ha costado más trabajo, en algunas ocasiones, perdonarme a mí misma por las estupideces cometidas que dejar ir el pasado en sí. Entonces, con respecto a la pregunta de cómo mejorar el autoestima, sabemos que no es sencillo, lo que para unos funciona para otro no, cada cabeza es un mundo y cada espíritu es distinto, lo que sí creo es que si algo merma tu espíritu, está mermando lentamente tu autoestima y por ahí debes empezar a fortalecerte.

miércoles, 26 de marzo de 2014

El miedo.

Les dejo mi tercera entrega para la revista Coma Suspensivos, www.comasuspensivos.com.mx El año pasado, estando en una feria del libro en Ensenada, encontré un ejemplar de La Viuda, novela de la gran escritora María Luisa Puga. La portada llamó mi atención: una mujer mayor, robusta, sentada, recargada sobre varios cojines y sosteniendo entre sus manos hojas blancas… me miraba expectante. Tomé el libro y quedé atrapada desde las primeras líneas. “Me da miedo, pero sí hay que aprender a decir no. Miedo porque nunca lo había hecho. No tengo la costumbre. No creía que se pudiera. Y no importa que mi situación en este momento se deba a un no, precisamente. No me quise venir en avión. No quise que me trajeran mis hijos en coche ni que Pina mandara por mí. No. Escogí el tren. Pensando en las películas, lo más probable. En viajes que hice de joven a Guadalajara. Cómo iba a saber que ya no era lo mismo. Pero qué tonta, pues ya nada es lo mismo, cómo no se me ocurrió. Ni Acapulco, ni la Ciudad de México, y Pátzcuaro seguramente tampoco. Han pasado cincuenta años ( desde que me casé…)” María Luisa Puga narra de manera sencilla, fluida y precisa la historia de Verónica, una mujer que no sabe cómo manejar su libertad luego de la muerte de su marido, ya que, durante cincuenta años ha estado dedicada a su familia, pasando por alto sus deseos. Aparte de asimilar la soledad, le llega el momento de tomar sus propias decisiones. Durante ese proceso, descubre una travesía hacia su interior, afrontando sus miedos. ¿Qué puede esperar de la vida una mujer que nunca ha decidido sola? ¿Qué proyecto personal puede trazarse quien nunca ha vivido por cuenta propia? Al terminar de leerla, me quedé pensando en el miedo. En cómo nosotros mismos somos el gran saboteador, los únicos que provocamos esa parálisis o detrimento, nadie más. El miedo es un patrón de conducta, aprendido desde la infancia, podría decirse heredado. Miedo a la muerte, miedo a perder la seguridad económica, miedo a perder el amor de una pareja, miedo a correr riesgos, miedo al cambio, inclusive miedo al qué dirán. Es la sombra que persigue al ser humano, que lo estanca. En La etología del miedo, Osho comenta que “El miedo sólo existe en el mecanismo de la mente. Y la mente no es otra cosa que el conjunto de los condicionamientos recibidos de otros. Siempre que te encuentres con algo nuevo tu mente te dice: —Espera, esto es muy extraño; es algo que no habías hecho nunca antes. No hagas nada que no hayas hecho antes; no lo hagas, es arriesgado. ¿Quién sabe cuál será el resultado?—. La mente es siempre ortodoxa porque vive a través de programas. Ella quiere que sólo hagas aquello que ya has hecho, porque en eso eres bueno, eficiente. Es más seguro, ya sabes hacerlo ” Si nos hacemos conscientes de cuáles son nuestro temores, podremos analizarlos y enfrentarlos desde una perspectiva más objetiva. Sabemos que el miedo no se puede eliminar, pues es una energía que existe, que está, pero con el hecho de comprenderla la podemos transformar, inclusive aplicar soluciones. Estamos conscientes que no podemos crecer con miedo ni desde el miedo, ya que el mundo, la vida misma, es evolución y el ser humano debe adaptarse a los cambios, crecer con ellos. Abordar el tema del miedo es muy complejo, está relacionado con los apegos, con el pasado, con el deseo, con la madurez, con el perdón, con muchas circunstancias a las que nos enfrentamos a diario. No pretendo sonar ingenua ante este tema, tampoco impertérrita, tan sólo es la reflexión que el libro de la gran escritora Puga me dejó; una invitación a la introspección, a la recapitulación de los temores y planteamientos a futuro, de lo que me ancla, lo que me invita a volar, lo que sé debo dejar atrás o perseguir. Tú, ¿a qué le tienes miedo? Nota: Comparto este pensamiento de Doreen Virtue, el cual me pareció interesante, y como soy creyente de que la mete atrae lo que deseamos, quizá haya alguien que lo quiera repetir. “Libero mis miedos antiguos, porque ellos nunca fueron parte de mi verdadero ser. Soy fuerte ahora y siempre, poseo mi poder con amor y gracia, avivado con pensamientos bondadosos, emociones positivas y fe total”

jueves, 13 de marzo de 2014

Proyectos de cine, sueños y algo más.

Les comparto, mi segunda entrega para la Revista Coma Suspensivos, no dejen de visitarla, se encontrarán con artículos muy interesantes!!! www.comasuspensivos.com.mx El director de cine René Bueno me recibió en su oficina, enfundado en pantalones de mezclilla, gorro negro con rayas azules, camisa color vino y sonrisa franca. Un póster grande de su última película, Recién Cazado, cubre gran parte de la pared a su espalda, a mi lado derecho fotografías de su primera película, Siete mujeres, un homosexual y Carlos, y en la esquina un perchero del que cuelgan varios gafetes con entradas preferenciales a festivales de cine y eventos especiales. Tomé asiento, con libreta y pluma en mano me dispuse a interrogarlo. Soy de la creencia que si puedes visualizarlo, puedes lograrlo. En 2002, con veintidós años, la carrera de licenciado en comercio exterior terminada, un buen trabajo y todo lo que cualquier egresado puede soñar, me vi envuelta en una especie de sopor depresivo, pues lo que había estudiado no me apasionaba. Fue resultado de una búsqueda interna y como pleno ejercicio experimental que encontré en las letras mi vocación, aprovechando mis ratos libres para escribir. No quiero ahondar en detalles, pues no es ésta la historia que quiero contar, no obstante, es un punto indispensable para la misma. Un domingo del verano de 2005 decidimos, mi novio (actual esposo) y yo, ir a rentar una película. Entramos al lugar y escogimos Siete mujeres, un homosexual y Carlos. Nos gusta el cine en nuestro idioma, aparte el director es ensenadense, eso lo hacía aún más atractivo, pues también somos de Ensenada. Disfrutamos la película, recuerdo que discutimos el tema y los pormenores que se desarrollan durante los noventa y cinco minutos que dura el largometraje. Esa noche me puse a soñar que me encantaría algún día ver mis novelas en la pantalla grande. Por aquel tiempo no tenía conocimiento sobre el proceso de publicación y el vía crucis al que se enfrenta un escritor, ni hablar de lo que hay detrás del esfuerzo para filmar una película. Transcurrieron los años y en 2008 publiqué mi primera novela: La huida. Estando en una entrevista de promoción, por azares del destino, magia, suerte, coincidencia o como se le quiera llamar, la persona que me entrevistaba resultó ser primo de René Bueno —no cabe duda que el mundo es pequeño—, gracias a él pude hacerle llegar mi novela y aunque ésta no le interesó, jamás imaginé que esa primera novela, ese atrevimiento despojado de vergüenza y vestido de valentía, sería el que me abriría la puerta hacia la posibilidad de cumplir el sueño de algún día una de mis historias se hiciera película. Casi diez años después tenía a René enfrente y lo cuestionaba sobre su pasión; la manera en la que convertía en imágenes su forma de ver la vida, el mundo, su percepción y sensibilidad de todo aquello que le circunda y que transforma al unir en perfecta mancuerna historias, actores y lugares. —Empecé a los diez años de “jala cables”— comenta sonriendo—, mi padre conducía el noticiario local en Ensenada, así que desde pequeño tuve ese contacto. Siempre, el tema de las cámaras fue mi adicción y pensaba en contar historias. Sentía que cuando salía una película, todo mundo la veía y la comentaba, como que yo veía más cosas que los demás y me parecía raro. Lo que me confirma que perseguir un ideal con base en el esfuerzo y la dedicación, sin duda te conduce al éxito. René ha visto por más de treinta años los cambios tanto en tecnología como en la manera de pensar, así como el proceso progresivo de esta industria y me interesé en saber cómo ve al cine mexicano actualmente. —Lo veo en evolución positiva, está pasando por un periodo de crecimiento. El 80 por ciento de los directores, después de su primera película, no vuelve a dirigir, pues el proceso de filmación y todo lo que conlleva realizar un largometraje es muy complejo, incluso podría decir doloroso. Sin embargo, siento que hay una conexión entre el cine que se hace hoy y el público que con mayor frecuencia acude a verlo. De las películas mexicanas que se han producido recientemente, el 95 por ciento cuenta con los fondos federales, pero ahora, como hay tantos proyectos, los fondos federales ya no alcanzan y se están empezando a buscar otras avenidas, como inversión privada, apoyo en los gobiernos de los estados, patrocinios, etcétera. Nuestra plática se extendió durante una hora. Me enteré que somos el quinto país a nivel mundial en taquilla y que contradictoriamente sólo se destina un diez por ciento al tiempo en pantalla para las películas mexicanas, lo cual pone un freno a la misma industria. —¿Qué le cambiarías?— quise saber. —Una cosa técnica: El orden en cómo funciona el incentivo fiscal; esto es, primero resolver que te aprueben el proyecto y luego dar un tiempo de buscar a las empresas para que ofrezcan el incentivo, ya que se hace todo el trabajo de conseguir a dichas empresas primero para obtener la documentación, etcétera, y resulta que si no se aprobó el proyecto fue trabajo perdido. Me contó que sus mayores influencias han sido estadounidenses, aunque su director favorito es el italiano Giuseppe Tornatore, realizador de Cinema Paradiso, Baarìa, Malèna, entre muchas otras. Para René una historia interesante es aquella que tiene ritmo, sentido, que se desarrolla entre una mezcla de sorpresa y si muestra una lección de vida la vuelve aún más atractiva. —¿Qué es lo que más disfrutas al momento de filmar? —Disfruto desde la primera vez que digo acción hasta el momento del corte. No pude evitar preguntarle qué le había gustado de mi segunda novela, Expediente 93. “Es una historia original en el sentido de que siempre nos encontramos con que es el hombre el que engaña y aquí es al revés, creo que mucha más gente se puede identificar con la temática de la novela y el factor sorpresa que se desarrolla al final”. –¿Qué proyectos tienes en puerta? –Una película biográfica sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y una película independiente de siete historias, que lleva por título TJ I Love U –¿Qué consejo le darías a los jóvenes que quieren hacer cine? –¡Aventarse! Que lo hagan, tienen todo a su alcance para lograrlo. Aunque el proyecto de Expediente 93 sigue en la fila de espera, ahora sé que sin duda llevo un paso más avanzado de cuando me puse a divagar, deseando que alguien volteara a ver mis escritos y convirtiera mi loco sueño en realidad. Sigo creyendo que si puedes visualizarlo, ¡puedes lograrlo!

lunes, 10 de marzo de 2014

Último día del año.

Hoy, es mi último día con 33 años. Y como siempre, me gusta hacer recuento y agradecer las enseñanzas. Fue un año de aprendizaje, donde tomé decisiones para cambiar mi rumbo, enfocada en alcanzar mi objetivo: Escribir. Experimenté cambios, pérdidas, términos y renuncias. Mi marido, mis dos perros y yo, nos mudamos de nuevo al rancho y con eso la paz, la tranquilidad y una energía renovadora y positiva nos ha cargado (todo vuelve a estar en su lugar, a su debido tiempo y espacio). Concluí con el guión de cine de mi novela Expediente 93, renuncié a mi trabajo, visité Chiapas, finalicé mi cuarta novela Vida Arrabalera. Aprendí de mis errores, crecí espiritualmente, me desprendí de cosas materiales. La muerte llegó por mi abuela y la familia experimentó el trance doloroso del desapego físico, sin embargo, soy creyente de que el espíritu sigue. Llegaron a mí, la invitación para colaborar en la revista Coma Suspensivos y un nuevo proyecto de escritura con el que pretendo iniciar muy pronto. Mis 33 años estuvieron llenos de revelaciones y mensajes angelicales que me dieron la fuerza para continuar, contar con la confianza de que el sendero que camino se abre, que vendrán situaciones maravillosas. Sin duda fue un año fundamental, pues definí con mayor fuerza mi carácter y me perdoné por las malas decisiones tomadas en el pasado. De eso se trata, de superar los errores, luchar por las metas y sueños, hacer lo que nos gusta y nos eleve al mayor estado de todos, la felicidad; sin ella no podemos darnos a los demás y ser un instrumento de amor.

martes, 25 de febrero de 2014

Escrito para revista digital Coma suspensivos.

Les comparto mi escrito para la revista digital Coma suspensivos, www.comasuspensivos.com.mx no dejen de dares una vuelta, les va a gustar!!! Hace algunos meses, realizando mis ejercicios matutinos de estiramiento, concebí la idea para mi siguiente libro, llevaría por nombre La llave y sería algo muy distinto a las novelas que he escrito. Este libro debe tocar temas de una manera sencilla y práctica para esclarecer las dudas, los miedos y hurgar en el interior, con la finalidad de caminar por el sendero correcto, por citarlo de alguna manera, y tomar la rienda de nuestra vida. Considero que la mayoría de las personas vive inmersa en una rutina que las carcome, dejándolas secas, provocando frustraciones y llevándolas al caos interno. Existe una lista interminable de libros de superación personal que, finalmente, tienen el mismo objetivo y te venden el mismo concepto (aclaro, nunca estuvo en mis planes escribir sobre ese tema). Podrán pensar que alucino, pues así como estaba, acostada boca arriba y abrazada a mi pierna derecha, recuerdo perfectamente visualizar la portada blanca con una llave antigua en el centro. Por algunos días desistí de mi voz interna, acallando la idea, pero la imagen seguía ahí… Luego entonces decidí zambullirme entre mis libros para iniciar con las investigaciones que me ayudarían a marcar la pauta para desarrollar mi nuevo proyecto, pues no sabía por dónde comenzar. Pedí señales. Tomé el libro de Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, y lo que leí de alguna manera lo interpreté como la respuesta para continuar. “La idea que tenía su abuela de una diversión a lo grande consistía en tomar un tren con destino a Chicago, llevar puesto un gran sombrero y pasear por la avenida Madison, contemplando los escaparates como una dama elegante. Contra viento y marea o porque era su destino, se casó con un granjero, se fue a vivir con él a la región de los trigales y ahí empezó a pudrirse en aquella bonita granja que tenía justo el tamaño adecuado, con los niños adecuados y el marido adecuado. Ya no le quedó tiempo para la frívola vida que antes llevaba. Demasiados niños, demasiadas tareas femeninas. Un día, años más tarde, tras fregar a mano el suelo de la cocina y la sala de estar, se puso su mejor blusa de seda, se abrochó su falda larga y se encasquetó un gran sombrero. Después se introdujo el cañón de la escopeta de caza de su marido en la boca y apretó el gatillo. Todas las mujeres saben por qué fregó primero el suelo”. Con este pequeño ejemplo me queda claro que cuando no seguimos ese instinto, esa ilusión que nos motiva, estamos sofocando al espíritu, apagando el alma y morimos poco a poco. Sí, el país está en una situación crítica. Sí, la economía es pésima, el hambre, la pobreza, el abuso, la falta de valores… y la lista sigue. Nos bombardean de anuncios negativos, nos limitan el panorama, nos venden la idea de una felicidad errónea y, entonces, empiezas a olvidarte de tus sueños, de tus metas, de lo que te hace realmente feliz, sin percatarnos de que la peor barrera somos nosotros mismos y hay que aprender a saltarnos, seguir las señales y encender el fuego de la pasión para perseguir aquella loca idea que tuvimos alguna vez y que se quedó encerrada en algún recoveco de la memoria y el corazón. Así que quiero ver hacia dónde me lleva esta nueva aventura, esta loca idea de creer y seguir las señales, de perseguir la portada blanca con una llave antigua.

Entrevista Periódico El Vigia, por Gerardo Ortega.

¿En qué lugares ha presentado la novela Expediente 93? He presentado mi novela en el Centro Estatal de las Artes de Ensenada, Casa de la Cultura de Ensenada, Casa de la Cultura de Tijuana, La FIL Politécnica en Ensenada, La Feria Internacional del Libro en Guadalajara y en distintas Universidades de Ensenada como UABC, Xochicalco, CUT, Universidad Vizcaya de las Américas y en la escuela de gobierno Educational Cultural Complex en San Diego, California. ¿En qué momento empezó a escribir? Después de concluir la Licenciatura en Comercio Exterior y trabajar un tiempo en el área, me percaté de que mi carrera no me satisfacía; entonces como resultado de una búsqueda interna y en pleno ejercicio experimental a los 24 años descubrí en las letras mi vocación. Desde entonces supe que escribir sería el camino a seguir. ¿Tomó talleres literarios o tuvo algún maestro que la guió? Tomé dos talleres literarios en la Escuela de Artes de la UABC en Ensenada, aunque me considero más autodidacta, pues leo desde los nueve años. Leer a otros autores me ha enseñado muchísimo, como conocer puntos de vista, analizar perspectivas, opiniones, ellos también han sido mis grandes maestros. ¿Qué es para usted el acto de escribir? Escribir para mí es ya una necesidad, una forma de vivir. Narrar historias, crear personajes, desmenuzar sentimientos, plasmar ideas o pensamientos se han convertido en un acto que es parte de mí, donde la imaginación y yo tomamos la hoja para erigir mundos. Disfruto inventando amores, desamores, buscando alternativas para mis personajes, desbaratando sus reglas, que sé yo, escribir es también observar, leer, sentir y utilizar todos los sentidos; no me imagino de otra forma. ¿Qué aspecto fue el que le costó más trabajo al momento de concretar Expediente 93? Para mí, crear una historia en sí no es sencillo, tengo que sentir cada uno de los personajes, verlos moverse, hablarme y a veces, el proceso narrativo se detiene; pues no fluye el sentimiento o la acción, no es que me cueste trabajo en sí concretar la historia, pero en gran parte hay que ser paciente también para lograr llegar hasta el fondo de lo que se quiere transmitir, eso por una parte en cuanto a la novela, por otro lado, en cuanto al proceso de publicación una vez que ya se tiene el manuscrito terminado, no es sencillo lograr que te publiquen, pues se requiere de mucha paciencia, valor, esfuerzo y yo diría también que un poco de suerte. ¿Qué lector concretamente, personaje de carne y hueso, le preocupa o le importa más su opinión? Cuando escribo no lo hago pensando en alguien en particular, simplemente me dejo llevar por los hilos de la imaginación y el sentimiento. Escribir es un acto profundo que se comparte con la soledad y uno mismo; la primera persona que debe quedar satisfecha es el propio escritor, pues si quedas contento con el resultado, habrá alguien más que comparta tu sentir, al igual que habrá otros tantos que estén en desacuerdo. ¿Cuál ha sido la impresión más extraña que ha recibido de alguno de sus lectores luego de leer alguna de sus obras? En realidad, me siento bendecida y contenta porque al menos por el momento no he tenido ninguna impresión extraña, por el contrario, más bien alentadora. Por ejemplo, de mi primera novela, La huida, un lector se acercó a mí para comentarme que es músico y si algún día esa novela se llevaba al cine, lo considerara, pues le gustaría componer la música. En mi segunda novela Expediente 93, el director de cine René Bueno, me propuso llevarla a la pantalla grande y es para mí un orgullo que el año pasado hayamos terminado el guión cinematográfico. También he recibido comentarios lindos de otras personas que me han leído y que de alguna manera se han sentido identificados y sobre todo cuando me comentan que no son muy asiduos a la lectura pero que a pesar de eso no han podido soltar mi novela; para mí es un paso enorme, pues con mis letras sencillas pretendo también acercar a los jóvenes a la lectura. ¿El proceso de la escritura es una etapa placentero o dolorosa y por qué? Para mí es una etapa placentera. Adentrarme en el mundo de mis personajes, sus actos y pensamientos es un proceso creativo que me llena, me satisface y a la vez me enseña, pues hay que sensibilizarse y conjugar lecturas, investigación, creatividad, inventiva y volcar todo aquello en líneas para que el lector se vuelva tu cómplice, me parece fantástico. ¿Se considera de alguna manera cronista de un sector de la población o una simple observadora? Una simple observadora que se atreve a contar historias desde la ventana de sus ojos, desde sus dedos ligeros que con osadía y carente de pena, intentan transcribir la voz de esos protagonistas que la acompañan en la soledad, entre sorbos de café por las mañanas, el ruido del silencio y la tranquilidad de la naturaleza que le rodea, donde escribe, donde sueña.

viernes, 21 de febrero de 2014

Revista Digital Coma suspensivos.

A principios de enero en mi facebook, leí una entrevista del periódico El Vigía, que alguien compartió. Era la entrevista de María Luisa, una chica ensenadense, que había salido del puerto con 300 pesos algunos años atrás; rumbo a la capital del país para buscar mejores oportunidades de crecimiento laboral y lo había conseguido. El artículo me gustó mucho, pero lo que más llamó mi atención fue en realidad la tenacidad y la fuerza de ella. Entonces, le mandé una invitación de amistad, quizá más adelante pudieramos platicar. Con sinceridad comento, que se me olvidó por completo acercarme a ella, pues los días me pasaron volando, estuve inmersa entre correcciones para mi nueva novela, lecturas alternas,la casa y demás. Escribir es una profesión ardua, exigente, que requiere de paciencia y fe. En ocasiones, llega un momento en el que el desánimo toca la puerta, pues no se ven resultados prestos y hay que armarse de valor para no desfallecer ante el sendero largo y escarpado, que se presenta detrás de la hoja en blanco, de la sopa de letras que forman una historia o simplemente de llegar a alguien más para compartir los mundos creados. Así que como es mi costumbre, pedí una señal a mis ángeles de luz para saber si voy por el camino correcto, pues estaba un poco triste, me sentía grisásea, sin ánimo. !Cuál va siendo mi sorpresa al día siguiente! María Luisa, me mandó un mensaje por facebook, para comentarme que estaba armando una revista digital. Había entrado a mi blog y que quería proponerme ser parte de su equipo. No dejo de tener fe y de sorprenderme, por la manera en que mis ángeles me responden. Hoy es el lanzamiento oficial de la revista digital "Coma suspensivos" de la cual estoy muy contenta de colaborar, pues está formada por gente talentosa, positiva y creativa que desea compartir su trabajo y qué mejor que Coma suspensivos... una maravillosa ventana para tocar corazones, abrir ojos, unir ideas, mostrar imágenes, conjugar pensamientos. Le deseo mucho éxito y larga trayectoria. www.comasuspensivos.com.mx

martes, 11 de febrero de 2014

Prestaciones CUT, Club Rotario Ensenada-Calafia, Militares Retirados.

La semana pasada estuve en Ensenada promocionando mi segunda novela Expediente 93. El miércoles 6 de febrero a las 10:30am ante unos sesenta alumnos tanto de la Universidad como la preparatoria CUT, compartí los motivos que me llevaron a escribir, algunas anécdotas de este oficio, el lento proceso hasta ver plasmada mi obra y sobre todo los temas que se manejan dentro de la historia como el amor, el desamor, la doble moral, la infidelidad y la libertad entre otros. Me siento feliz de compartir con los jóvenes, de saber que dos o tres se identifican me llena de satisfacción, pues siento que estoy poniendo mi granito de arena al hacerlos partícipes de mi experiencia y animarlos a que continúen luchando por sus sueños. Al día siguiente a las 8:00am fui invitada a desayunar en el Hotel Coral & Marina, con el Club Rotario Ensenada-Calafia. Me quedé con un muy buen sabor de boca, entre un grato recibimiento, felicitaciones y el interés por apoyar a la cultura, terminé la plática con aplausos y sonrisas. Por último estuve invitada a otro desayuno el sábado 8 a las 9:00am con los Militares Retirados, en el comedor de la base militar. Me llena de satisfacción saber que a través de mis novelas hay personas compartiendo conmigo esta loca aventura; yo, de escribir y ellos de navegar conmigo en el mar de letras, en esa posibilidad inmensa de inventar otras realidades, visualizar personajes que entretejen lazos invisibles pero férreos, sensibles, con los que se pueden identificar. Me hace feliz saber que en cada presentación, en cada plática, en cada sonrisa, hay alguien se convierte en mi cómplice.

jueves, 30 de enero de 2014

Pensar positivo es un hábito.

Ayer, platicaba con un amigo sobre los hábitos negativos y lo difícil que es eliminarlos, así como también incorporar los positivos. Le cuesta trabajo desayunar y a mí ejercitarme, ambos sabemos que debemos hacer algo al respecto. Veo a la vida como una montaña que hay que escalar, una montaña repleta de piedras, hierba y animales peligrosos que tenemos que vencer a cada paso con nuestra espada de coraje y positivismo (aunque suene repetitivo y trillado), sin embargo así lo creo; el animal más peligroso es uno mismo, caemos en las redes pegajosas de la mente, la culpa y los miedos, dejándonos en cautiverio. Lo que puede romper esa maraña represiva y asfixiante es de igual forma los pensamientos. Los pensamientos nos impulsan o nos limitan. Cambiarlos requiere de esfuerzo y constancia, como todo hábito. Admito que es cansado y también me he dejado derrumbar por momentos, ser positiva cuesta, así como también puede costar hacer ejercicio, comer sano, dejar algún vicio, etc. Creo que una persona positiva no confunde renuciar con dejar ir, al pasado lo estaciona en el pasado y es agradecida por la enseñanza, busca colocar una sonrisa en su rostro y en el de los demás y aunque no todo el tiempo es feliz, intenta serlo; crea nuevas soluciones dejando atrás los temores y sobre todo expresa su sentir. Hace del pensar postivo un hábito. Y tú, cómo piensas?

martes, 21 de enero de 2014

Recogiendo virutas.

Imagino que somos como un tronco. Que estamos hecho de madera y que podemos tallarnos a nosotros mismos en la forma que queramos. Con la madera se pueden hacer figuras hermosas, construir casas, barcos, alimentar el fuego, por citar algunos ejemplos, e igual el ser humano puede intentar labrarse a sí mismo, buscar su mejor escultura, interprentando ésto como forjar el propio destino, esculpirse, darse forma, ¿qué quieres ser? ¿quieres ser una casa, para brindar a tus seres queridos protección, cobijo, acogerlos en un lugar cálido? o prefieres ayudar a incrementar el fuego con tus conocimientos, ser la luz para que otros abran su mente, quizá te interesa ser un barco, para transportarte, llevar tu mensaje, ver el mundo y conocer? Tal vez parezca tonto o carezca de sentido mi comparación, sin embargo, me queda claro que todos tenemos madera y que podemos lograr lo que nos hemos propuesto, pero a veces si no es que la mayor parte del tiempo la vida misma con las situaciones que nos presenta, las enseñanzas dolorosas o bellas según sea el caso puede menguar nuestra figura, resquebrajando y sacando pequeñas virutas que forman huecos en el alma. Crecemos... y esos pedacitos faltantes son la causa de que la escultura aquella se debilite, pues cuando llueve; el agua entra por esas hendiduras pudriendo de raíz: entonces es momento de regresar al pasado para recoger las virutas y hacer reparaciones. Remendar no es sencillo, requiere de un autoanálisis sincero y un enfrentamiento a "calzón quitado" con tu interior. El secreto consiste en buscar el primer momento, la primera persona, la primera situación que haya sacado de tu escultura esa viruta, que haya desviado tu camino... y perdonar. En cada momento de perdón nace una conexión mágica e invisible que funciona como pegamento y aunque pedonar puede tardar años, estoy segura que algún día la paz y el regocijo que da conocer el verdadero perdón te dotará de la fortaleza necesaria para hacer de tu escultura una figura férrea y un ejemplo a seguir. Sigue adelante, tallando... puliendo ese interior, extrayendo toda la belleza que hay dentro de tí.

miércoles, 15 de enero de 2014

Si no hay dinero, no hay arte.

Me pregunto, ¿Qué es lo que hace que un escritor despegue? Suerte, tezón, destino, lucha, empeño, búsqueda, talento? Existen tantos escritores; buenos, malos, ejemplares, algunos con historias inclusive mejores que muchas publicadas y conocidas como Best Sellers. Hace unos días ví una entrevista en un programa de televisión española, donde se hacía el comentario de que "Si no hay dinero, no hay arte" y me quedé cavilando en la idea y todo lo que encierra. Es muy cierto, si pensamos que desde los inicios el arte ha servido como una especie de desahogo, de expresión pero también como legado y educación para nuevas generaciones. El arte es un aliciente para el alma, para los sentidos, un desfoge placentero que eleva el espíritu, que sensibiliza al ser humano. La pintura, escultura, literatura por mencionar algunas, han existido en gran medida por el respaldo económico. Es una pena que en la actualidad en países como el mío (México) no se le otorgue el valor que se merece a las artes, porque está comprobado que una persona educada tiene una mayor visión de la vida y de su entorno y aunque no es mi propósito mezclar al gobierno no puedo dejar de mencionarlo, a la gente de la política no le conviene que la gente piense, por eso recortan el presupuesto para las artes, siendo así que en las escuelas no se fomenta. Me incluyo, no recuedo haber tenido una clase en primaria, secundaria ni preparatoria (estudié en escuelas de gobierno)que despertara en mí el amor por lo artístico. Como lo he mencionado tanto en presentaciones y escritos, mi madre fue quien me inculcó el hábito de la lectura, mostrándome así un mundo maravilloso hacia lo que años después sería la pasión de mi vida. Luego entonces y retomando el punto, ese desapego-indeferencia que la gran mayoría tiene para con los libros (no mencionemos las demás artes, pues implican en todos los casos, invertir para estudiar, música, teatro, danza, etc.), es debido a que no se les inculca desde pequeños, pues adquirir hábitos positivos a edad tardía no resulta tan sencillo como en la temprana. Es triste ver que es minoría la gente interesada en cultivarse, también entiendo que es primordial comer antes que comprar un libro. De ahí mi relación con la pregunta inicial de este escrito.¿Qué es lo que hace que un escritor despegue? Se puede tener talento y tezón, pero no por eso despegar. Si ofreces un producto (por llamarlo de alguna manera) que a la mayoría no le interesa, y es aquí donde la parte monetaria entra: las grandes editoriales. Las grandes editoriales son las responsables de que los escritores despeguen, pues se necesita dinero para llegar a otros lugares: inversión en mercadotecnia, propaganda, publicidad, así que la frase "Si no hay dinero, no hay arte" es lamentablemente certera. Al menos en mi caso, seguiré haciendo mi parte, escribiendo con el corazón, luchando por mi meta, buscando que la suerte, el destino, el empeño, la tenacidad y el talento, se encuentren en el momento preciso para despegar y llegar al corazón de los lectores! P.d. espero encontrar al editor indicado.