lunes, 15 de septiembre de 2014

Toca, ve, prueba, huele, escucha.

¿Cuántas veces en el día te percatas de lo maravilloso que son tus cinco sentidos? El día a día transcurre tan aprisa que detenernos a pensar en el tacto, la vista, el gusto, el olfato o el oído pasa a segundo término, a menos que carezcas de ellos por alguna circunstancia, inclusive pueden pasar días, semanas o meses sin que tomemos conciencia de ello. El prestar atención a nuestros sentidos, nos vuele más alertas, desarrolla la creatividad, nos pone de buenas, eleva la energía, ayuda a descubrir qué es lo que nos pide el cuerpo y también en algunos casos a fomentar la meditación. Justo en el preciso momento que estás leyendo este escrito, tus ojos van de un lado a otro saltando entre las letras, tus dedos tocan el teclado ¿Sientes cómo sobresalen del tablero? Tu cuerpo sentado, quizá en alguna silla cómoda o no, eso sólo tú lo sabes, ¿cómo sientes tus glúteos, tu espalda, tus piernas, el cuello? Estás tomando alguna bebida, ¿a qué sabe? ¿Es fría, caliente? ¿A qué huele tu oficina, el salón o sea cual sea el lugar donde te encuentras? ¿Qué sonidos te envuelven? Nuestro cuerpo es la “carroza que nos transporta en esta vida” —como dirían los tibetanos—, es un medio que nos guiará por el tiempo que nos tenga que servir. Por eso: Observa todo lo que puedas y agradece. Toca, siente las diferentes texturas, revive las sensaciones de cuando niño explorador y sonríe. Huele, huele lo que te guste y lo que no, lo que te abra el apetito, lo que te remonte a la infancia. Respira hondo y profundo, llena tus pulmones, exhala y deja ir alguna pena que le esté agregando kilos a tu espíritu. Prueba, degusta, saborea; tu cuerpo sabe qué le hace bien y qué le hace mal, aprende los límites pero también date gustos. Escucha, escucha tu interior, el sonido que emana de ti, ¿qué quieres? ¿Hacia dónde vas? ¿Qué música llevas dentro? ¿Qué te dice el viento, las aves, las flores, la lluvia? ¿Qué te dicen las personas que amas? ¿Interpretas lo que quieres o es lo que en realidad te dicen? La vida también, es una conformación de places y el placer de sentirnos felices depende de nosotros, los cinco sentidos son una vía para llenar el interior y exteriorizarlo. Elógiate y elogia, abrázate y abraza, bésate y besa, perfúmate y perfuma a los que te rodean, mírate y mira. No podemos dar lo que no tenemos, así que llena tus sentidos. ¡Vive! Valora tu cuerpo, consiéntete, los sentidos fungen como brújula. Eres más feliz cuando no retienes las emociones o las sensaciones, pues si ocurre lo contrario, estás construyendo una pared interpuesta ante ti mismo, aprende a defender ese gusto o esa opinión, construye tu fortaleza no limitándote sino permitiéndote sentir.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Somos lo que pensamos.

Cada vez con mayor frecuencia en las redes sociales encontramos frases, comentarios o mensajes que tienen la intención de mejorar el ánimo, hacer recapacitar o dejar algo positivo. Quizá lo logre, aunque lo más probable es que se olvide al minuto siguiente. ¿Cuántos de nosotros en realidad ponemos en práctica esos mensajes? Lo que me queda claro es que el ser humano tiene la necesidad en poca o gran medida de buscar el crecimiento interno. Sin duda, somos lo que pensamos y actuamos de acuerdo a ello. Creamos lo que creemos y materializamos lo que visualizamos: los pensamientos son un reflejo del alma. Somos un espejo. Los pintores, escultores, escritores, músicos y todas las personas creativas viven el arte como una extensión de su propia ser, son el reflejo de lo que su mente imagina para luego plasmar su idea y regalarla al mundo. No entenderíamos la historia sin el arte, aunque esto no es exclusivo de los artistas, esto nos corresponde a todos, pues somos una extensión del mundo y estamos conectados. Con frecuencia nos dejamos deslumbrar por la falsa carátula que impone la sociedad en cuanto a belleza, éxito y felicidad por mencionar algunas. ¿Qué es la belleza? ¿Qué es éxito? ¿Qué es felicidad? Hace poco me preguntaron si yo era rica. Me reí y le respondí con una pregunta ¿A cuál riqueza te refieres: espiritual, física, monetaria? Todo es relativo. Algunas personas ven la belleza en el color de la piel, en la abundancia o la escasez de las carnes, en la naturaleza, en algo palpable o etéreo. Hay gente que considera que el éxito es poder, dinero o acumulación de bienes. Para muchos la felicidad está en encontrar el amor de una persona e ignora que la felicidad está dentro de uno mismo. Como esos hay muchos ejemplos y todos son una proyección del inconsciente de cada individuo al igual que un proceso de su evolución. Empecemos a despojarnos de las imposiciones y escuchemos la voz interior, rompamos patrones de a poco, nadie lo hará por nosotros y necesitamos contribuir a crear un mejor presente. Seamos un canal de luz para los que nos rodean. Pon toda tu disposición para reinventarte y crecer. Ayuda en todo lo que puedas, tu granito de arena es la semilla para que otros se sumen a ese ejemplo, pero sobre todo no te des por vencido; pues recuerda que somos lo que pensamos y tus pensamientos te vuelven libre o esclavo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Persiguiendo a la musa.

La hoja en blanco es un reto diario. Para quien pretende hacer de la escritura una profesión y no un pasatiempo, debe sentarse al menos cinco o seis horas todos los días para extraer esos pensamientos que le acechan y ponerlos en papel. Escribir, escribir, escribir y corregir, corregir, corregir es la única manera de saber si esa idea que le ronda rendirá frutos. Si bien es cierto que la inspiración puede llegar en cualquier momento, también es cierto que no es tan común que se aparezca de la nada, siempre es mejor que te pille trabajando. Puede guiñarte el ojo, regalarte una sonrisa, inclusive tocarte la mejilla; si le da la gana. Ella puede sorprenderte en un corto instante, en algo que atrape tu mirada, que huelas en el ambiente, un movimiento que despierte algún sentimiento artístico en tu alma; esos momentos son oportunidades que no puedes dejar pasar y lamentablemente para muchos no ocurre tan seguido, inclusive se ha llegado a comentar que la musa no existe. Yo creo que sí existe, sólo que como todo en la vida hay que ir tras ella, buscarla, escarbar en todo lo posible, hurgar en los recuerdos y las vivencias, exprimir la imaginación, levantar las piedras del camino que llevan hasta su guarida. Me la imagino hermosa y la veo con forma de mujer. Con un aura luminosa que irradia arte hacia todo lo que la rodea, montada en un corcel blanco galopando por las escarpadas pendientes de la creatividad, infundiendo pasión en todo lo que toca a su paso. Es aquí cuando debemos perseguirla, tomar la determinación de alcanzarla, a veces pareciese que entre más nos acercamos a ella, más se aleja. A la musa, como a la mujer le gusta ser conquistada, que le demuestren que vale la pena tenerla de compañera, pues su presea tiene valor incalculable y por tal motivo te pondrá a prueba. No pretende entregarla a quien no se esfuerza. Sabemos que no existe una fórmula perfecta para escribir. A escribir se aprende escribiendo, sobre ensayo y error. No obstante es indispensable tomar en consideración que el oficio del escritor requiere, al igual que otros oficios; de disciplina, esfuerzo, paciencia, amor, coraje, sensibilidad, entrega, positivismo, tenacidad y la lista es interminable, sin embargo, cuando hemos puesto todo de nuestra parte, inclusive hasta inventado palabras o nuevos universos, la musa se apiada. Se detiene un instante un poco más largo, a un lado quizá, de la taza de café, de las colillas del cigarro, del vaso con whisky o la copa de vino a medio terminar, tal vez, se digna a bajar de su corcel y te posa la mano en el hombro, te dicta, te sopla, te inyecta un poco de esa pasión creativa y te invita a dar un corto paseo por su mundo y luego se esfuma. El escritor que ha visto su impresionante belleza, su magnífico poder, se convierte en adicto. Se le vuelve una obsesión sentirla de nuevo y sigue escudriñando entre las letras y su mente, creando con el hilo de pensamientos un puente para volver a verla, pues sabe que en su historia tendrá la recompensa. Su arte plasmado tomará el camino hacia otro ojos, tocará otras vidas, otros corazones, seguirá esparciendo la magia de la musa. Y ella, contenta con el resultado, puede que regrese al escritor y le regale otro soplo, e inclusive un beso al confirmar que él sigue trabajando por conquistarla de nuevo, por pretenderla, por perseguirla sin descanso.