jueves, 31 de diciembre de 2015

Recuento de año.

Se nos termina este 2015. Para mí fue un año lleno de aprendizaje. Cada día que pasa, compruebo que la sabiduría Divina es maravillosa, pues todo llega en su momento, eso es algo que he tenido que aprender y sobre todo a vivir y sobrellevar de la mano de la paciencia. Aprendí que cuando sigo mi interior todo se acomoda, la energía fluye de manera natural y cumplo con mi misión de vida. Esta tarde quiero hacer recuento de lo más significativo. Doy gracias a Dios y a mis ángeles por: La salud y el amor que me rodea. Por permitirme ser el medio para transmitir sus mensajes a las personas que lo necesitaron y sobre todo por ponerme un espacio físico para hacerlo. Doy gracias por la publicación de mi libro "La llave" un llamado que ellos mismos me dieron, que ignoré por más de un año y que ahora al verlo impreso me llena de felicidad. Doy gracias por las personas que se fueron de mi vida porque sé que estuvieron por el tiempo que tuvieron que estar, y también por las personas que llegaron a mi vida, todos y cada uno de ustedes me ha enseñado que vale la pena seguir luchando por los sueños. Agradezco por poder hacer introspección y por ir encontrando mi centro interno, por descubrir ese fuego que transmuta y que todo ser humano lleva dentro. Doy gracias por un año más de celebración y vida. Tengo mucho mucho más que agradecer, no terminaría, pero eso es lo más importante. Espero que el 2016 llegue cargado de luz, bendiciones, amor y todo lo bello que tiene el universo, tú que estás leyendo estas líneas, te envío un fuerte abrazo. Que la energía positiva te inunde!

miércoles, 2 de diciembre de 2015

—¿Qué se te antoja?—preguntó Edgardo. Virginia sabía que no debía aceptar, seguirle el juego sólo le traería problemas. Desterrar su recuerdo y superar el dolor por su abandono le costó tiempo y lágrimas. ¿Con qué derecho volvía a aparecer en su vida después de tres años, así como si nada? —No soy la misma Edgardo, ya no caeré tan fácil. Estabas acostumbrado al amor que sentía por ti, hoy es diferente. He cambiado mucho desde que te fuiste, he crecido —guardó silencio por unos instantes tras el auricular— no lo entenderías. —Vicky, sólo quiero ser tu amigo. —¿Para qué? —Porque personas como tú no se encuentran tan fácil, discúlpame, de verdad fui un tonto. ¿Me odias? Algo en el interior de Virginia pugnaba por romper todo contacto, su lado congruente tiraba hacia el alejamiento; el lado del sensible por el recuerdo. —Sé que estoy loca por permitirte siquiera que nos veamos después de cómo te portaste conmigo, pero de verdad, en este cambio también está el perdón, no te guardo rencor y te aclaro que no conozco el odio. —Pareciera que me odiaras. —Yo no te odio, ya te dije que no odio a nadie, nunca he odiado ni cuando me dejaste. —Dame la oportunidad de demostrarte que yo también he cambiado. Virginia contuvo la respiración. —Está bien —respondió decidida, cediendo como muchas otras veces— se me antoja ver el mar. —Te digo más tarde dónde nos vemos —le aseguró. Las horas, provocaron estragos en su estómago y comieron sus ansias. Revisaba el teléfono cada cinco minutos. Al fin, cerca de las siete de la tarde apareció en la pantalla el nombre del hotel y el número de cuarto. “Son las casitas que están hasta el fondo, dejaré la puerta sin llave, te amo” Ese “te amo” fue una sacudida. ¿Cómo se atrevía después de todo lo que había ocurrido entre ellos escribirle te amo? La edad, el tiempo, las circunstancias, todo había estado en su contra, pero sobre todo, su decisión, la decisión clara y llana de enamorarse de quien no debía sin importarle las consecuencias. O, ¿acaso se puede decidir de quién, cómo y cuándo enamorarse? Las casas frente al mar eran de dos plantas, pintadas de beige y techos de teja, eran pequeñas viviendas veraniegas con todos los servicios. Estaban separadas unas de otras por hermosos jardines, daban la impresión de estar en una zona residencial en lugar de una zona hotelera. El olor a mar invadió los pulmones de Virginia al momento de bajarse del auto, inhaló su aroma recordando otros tiempos y quiso exorcizar sus recuerdos al exhalar, sintió una punzada en el corazón, un dolor profundo. ¿Sería que la llaga no había sanado aún? Tuvo la sensación de antaño, cuando no habían ocurrido tantas cosas entre ellos y aún creía en que podía manipular su destino. Sintió como si el tiempo se hubiera detenido, pero vio su anillo de compromiso al girar la manivela y supo que la realidad era otra, el pasado no cabía más en su vida. Edgardo no cabría más en su vida. Entró. Traspasó el umbral sintiendo inseguros sus pasos, tenía tres años sin verlo, sin tenerlo enfrente y no sabía cómo iba a reaccionar. Lo vio sentado en la sala, con los anteojos puestos y un libro en el regazo. —Hola. —Hola —respondió sereno, se quitó los lentes y dejó el libro a un lado como si hubiera ensayado sus movimientos— estás linda. Sigues igualita. —Gracias —respondió Virginia sonriendo. Se acercó hasta el sillón indecisa. Él se puso de pie y la saludó con un beso en la mejilla. Percibiendo el olor de sus perfumes. Al estar cerca la química los envolvía en una burbuja de tonos pasteles, no importaba nada más que ellos dos, todo era ajeno a su mundo, ese mundo que tuvieron alguna vez y que al parecer seguía estando invisible, flotando en el aire: en su piel los olores del deseo, entre los labios un te quiero y en los dedos los vestigios de la pasión que no podían desterrar. Virginia se hizo a un lado y tomó asiento quedando enfrente de Edgardo. Ambos se sostuvieron la mirada sin evitar sonreír. —Te han sentado bien los años —dijo Virginia. —Tú sigues igual de bella. Supe que vas a casaste. —Así es. No podría esperarte toda la vida, dejaste muy en claro que la familia era lo más importante. —Hay lazos que no se pueden disolver tan fácil. Existen muchas otras cosas alrededor que no lo permiten. —Querer es poder y si hubieras querido quedarte conmigo no habrías puesto pretextos. Es simplemente que ahora entiendo que lo nuestro fue algo que tenía que vivir para crecer y aprender. —No lo entiendes. —¡Claro que lo entiendo! Tanto lo entiendo que no te guardo rencor y estoy aquí para demostrarte que podemos ser amigos. Aunque no te lo merezcas. Edgardo se levantó de su asiento para acercarse a Virginia, se hincó frete a ella y la tomó de las manos. —No quiero hacerte daño nunca más. —No lo harás, no lo voy a permitir. Ya no, ya no soy la tonta de antes. —Nunca has sido tonta. —El amor te hace hacer cosas sin sentido. Él intentó romper la barrera de sus labios con un beso. —¡No! No te atrevas. No tienes derecho. Edgardo se puso de pie y se dirigió al fondo del salón, presionó el botón del aparato para iniciar la música. —¿Te gusta el jazz? —No sé mucho de jazz, pero me agrada su ritmo. La música de fondo sonaba relajante, el sax dejó escapar un sonido dulce y amargo, casi lastimero. El piano conjugaba el ritmo, la batería estallaba, invitando a mover el pie de Virginia muy despacio. Ella sintió que flaqueaba. —Ven —Edgardo regresó por ella y la condujo al comedor—, compré sushis para cenar y vino blanco. La mesa estaba puesta. Tomaron asiento. —Quiero brindar —dijo él levantando la copa— por esta nueva oportunidad que me brindas. —Por una amistad, solamente una amistad —aclaró ella timbrando un pacto consigo misma y con la fortaleza que había desarrollado luego de su abandono. —Te debo una explicación. —Creo que ya es demasiado tarde para eso —dejó la copa y tomó los palillos— acepto mi parte de la culpa —dio el bocado y aguardó un poco en lo que acomodaba sus palabras—. Fui tu amante por casi dos años, tengo bien merecida tu reacción, soy yo la que debió poner un límite. No justifico mi proceder Edgardo, pero ahora la vida me da la oportunidad de empezar de nuevo, con un amor nuevo, un hombre bueno que me ama. —Pero que tú no amas. —¿Cómo te atreves a decir eso? —preguntó con rabia— ¿Cómo te atreves a insinuar siquiera que no lo amo? ¿Tú que sabes de mí? —Discúlpame. —¡Discúlpame, discúlpame! ¿Es lo único que sabes decir? ¿No hay otra palabra para aceptar que me lastimaste? ¿Que me heriste? —Pe.. —Cállate —ordenó Virginia y dio un trago a su copa— cállate y déjame hablar. Eres muy injusto, ¿crees que puedes irte y regresar, aparecer y desaparecer de mi vida cuando te de la gana? ¿Que por el hecho de haberte amado puedes hacer como si nada, como si siguiéramos viviendo esta farsa? No has sido capaz de pedirme perdón, un perdón sincero. —Estoy aquí, de nuevo, ¿qué mejor prueba para que sepas que no pude estar sin ti? Que estos tres años siempre he pensado en ti, no he podido olvidarte. —Mentiras. Mentiras. No voy a caer, no caeré Edgardo. Te conozco mejor que tu esposa, sé que eres egoísta, te falta humildad y ahora que ha pasado el tiempo y que tu empresa no resultó como querías, que caíste de la cima en la que andabas te sientes derrotado y me buscas para satisfacer tu ego. Por eso haz regresado, pero ya no, ya no Edgardo. Perdiste tu oportunidad, al menos conmigo. Virginia dejó la servilleta sobre la mesa y se levantó decidida a irse. Edgardo al ver sus intenciones se apresuró a detenerla. —Espera, no te vayas —suplicó tomándola del brazo. —Suéltame, me lastimas —dijo ella atragantándose el llanto y sintiendo que el vino causaba estragos en su conducta. Edgardo la abrazó. Ella no pudo resistirse y se quebró. —Me has lastimado mucho Edgardo, mucho. Llegué a pensar que eras el amor de mi vida, estuve a punto de dejar todo por ti. Cuando te vi por primera vez sentí que el mundo se detuvo, me enamoré si pensar y lo único que quería era ser feliz a tu lado, sin importarme nada más. —Ella se separó de sus brazos y se encaminó hacia la puerta corrediza para abrirla, necesitaba aire fresco y desahogar todo lo que tenía dentro. El sol se había ocultado— Lo tengo merecido, lo sé, por fijarme en alguien que no se merece mi amor y sobre todo que ya es de alguien más. No debí venir. —Tu sabes que… —No me vengas con el mismo cuento de que tu esposa, tus hijos y lo que ya me sé, no te estoy pidiendo nada, jamás te he pedido nada, y la prueba es que estoy aquí. Sólo quiero aclararte que me ha costado mucho sacarte de mi mente y mi corazón, que te guardo en un espacio muy especial porque lo que se ha amado no se puede botar así, has sido y serás parte importante de mi vida, no quiero cambiar nada de lo que viví contigo, cada lágrima me ha hecho crecer y aunque no lo creas te lo agradezco. —Mi amor, perdóname, no sé cómo remediarlo, déjame demostrarte que esta vez será diferente. —¡Claro que será diferente! Porque no soy la misma. Pronunciaba aquellas frases con contundencia, con estoicismo y se sintió liberada al hacerlo frente al hombre que le había roto el corazón. No supo en qué momento los labios de Edgardo franquearon el brote de aquellas palabras dichas con tanta seguridad, derretidas por esos labios carnosos; disueltas y evaporadas al aire. El llanto le corría por las mejillas al tiempo que se dejaba besar y besar y besar, cayendo en un remolino sin fondo y sin prisa, sin resistencia ni objeción. ¿Dónde estaba su valía? ¿Qué pasaba con sus fuerzas? ¿Con los recuerdos dolorosos? ¿Con su prometido? ¿Con la rabia y el autoestima? Edgardo la tomó entre sus brazos y la cargó para llevarla al segundo piso. —Suéltame —pidió con debilidad— suéltame. Él no se rindió ante el endeble pedido, en el fondo sabía que ella deseaba tanto estar entre sus brazos como él. Era cierto, la había dejado, pero también era cierto que la quería a su manera y deseaba volver. La acomodó sobre la cama y con besos suaves fue deslizando su boca y sus manos para desvestirla, con mimos la despojó de cualquier negativa. Manos, piel, alientos, susurros, evocaciones entre pasado y presente; un lenguaje universal de deseo apasionado, de vibración absoluta trenzada entre ambos para lograr el éxtasis. Edgardo dibujó sobre la piel de su amante lontananzas perdidas para retomar el lazo intrínseco e indisoluble que los unía, ese que formaba la conexión y el ritmo cóncavo, convexo, perfecto, sideral. Virginia cerró lo ojos, suspiró, no quiso pensar, tan sólo sentir y por incongruente que pareciera, quería demostrarse si en verdad lo había olvidado, quería saber qué sentía, averiguar jugando con fuego. Hay muchas maneras de engañar, pensó, tengo que dejarme claro, tengo que tocar fondo para saber si empiezo a emerger o todo ha sido un engaño. Con esa danza de juegos entre dimes y diretes, caricias y besos, Virginia supo que se arriesgaba demasiado, que esa flaqueza la deslizaba sin pretexto hacia el abismo de una relación dañina y podía quedar atrapada en una red sin salida. El alcance del placer los hizo estremecer y ambos cayeron rendidos un sobre el otro, escuchando el compás de sus corazones y respiración agitada. —Te amo Virginia. —No digas tonterías —ella se puso de pie. La recámara al igual que la planta baja tenía un balcón y una puerta corrediza. Ella se acercó desnuda, en silencio; sabiéndose observada por los ojos de Edgardo, sin pudor alguno abrió el cristal y salió confiada en que nadie más que el hombre que yacía sobre la cama la veía. El viento refrescó su piel. Virginia trató de sopesar su comportamiento, de analizar con imparcialidad lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo era posible? Por un lado, estaba contenta, pues había comprobado que los vestigios de aquella relación al fin estaban extintos. Fijó la vista en el reflejo de la luna descansada sobre el agua, su brillo, su blancura, su esplendor. —¿No has pensado que puedes estar enamorado de la idea de este amor?—preguntó Virginia rompiendo el silencio— De lo que representó en su momento, esa pasión oculta, la adrenalina que vivimos— dijo para sí como una confirmación. —No. Tu y yo sabemos que es amor lo que hay entre nosotros, no lo niegues. —No niego que lo hubo. El sentimiento de cariño está, te lo he dicho, siempre te voy a querer, pero creo que puede haber una especie de enamoramiento sobre el tema de lo que hubo entre los dos, nuestra historia, prohibida y excitante, peligrosa, más que el hecho amoroso. Esperó unos segundo y luego afirmó —Ya no te amo igual que antes. Ahora amo a Sebastián, el amor que la vida me ha puesto en mi camino. —Sí me amas —dijo molesto y se acercó hasta el balcón— me amas a mí. Me lo acabas de demostrar. Virginia rio a carcajadas. —Eres un niño Edgardo. No parece que tengas la edad que tienes. No me digas que no amas a tu esposa, que este acostón te excitó más por el hecho de que represaba un reto para ti —buscó su mirada— el hecho de haber sido tu amante no te da derechos sobre mí, sabes perfectamente que quitando lo que vivimos, soy y he sido honesta, y ahorita mismo estoy siendo honesta, ya no te amo. —Estás equivocada. —¡Por favor! Entiende, acepta que quisimos vivir de nuevo la emoción que nos generó en algún momento. Fue sólo eso. Virginia entró a la recámara y empezó a vestirse. —Espera, no te vayas todavía. Quédate. Ella ignoró su súplica. —Debo irme, ya es tarde. —Por favor, no te vayas. —No pierdas el tiempo conmigo Edgardo, no encontrarás nada más que amistad. Búscate a otra para joderle la vida. Yo ya aprendí. —No te creo. Ella dejó ver una sonrisa. —He tenido un buen maestro. Bajó las escaleras de prisa, sonriendo al tiempo que se le escapaban las lágrimas. Eran lágrimas de orgullo, de saber que había ganado la batalla. Una batalla contra ese amor tóxico. Ahora salía triunfante y recuperaba su amor propio, cerraba al fin un ciclo en su vida.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Les comparto la nota del periódico El vigía.

http://www.elvigia.net/cultura/2015/11/18/presenta-nurkia-tercer-libro-217748.html

viernes, 20 de noviembre de 2015

La llave

Les comparto la portada de mi nuevo libro La llave.

viernes, 6 de noviembre de 2015

De pasión y otras locuras.

Demencia excitante, incongruencia adictiva, capullo fluorescente muerte y vida. Felino oculto, actor entre las sombras depredador y cómplice voraz e insaciable. Desórdenes de cuerpos, fricciones y gemidos; sudores sin recato ni consciencia, tampoco olvido. Fuego líquido, candor derretido, espejismo insípido, incoloro, prescindible para algunos como el agua. Tentación palpable, elixir candente, levadura, droga, sonrisa, locura llanto, grito ahogado, vida… muerte.

sábado, 24 de octubre de 2015

Mujer mariposa.

En tu boca el corazón. Desmenuzando con palabras dulces una mezcla de almizcle y sal, de pasión trenzada con arrobo y sin mesura. Letras que conjuran, que atrapan, que perduran... En tus senos los ojos con que percibes el mundo, esas turgentes montañas, volcanes desbordantes de vida, de salvia infinita. En las manos tus oídos para sentir, para palpar recuerdos, sonidos, fotografías sonoras atrapadas en tus dedos. En el ombligo, una estrella de luz en tu vientre, conexión con lo divino, lazo materno, materia creadora. Tu sexo un pájaro en vuelo, libertad motora, sentimiento infinito, fuente maravillosa de placer, motivo, éxtasis, plenitud. El cuerpo carroza trepidante, embaucadora, conquistadora, poderosa, mujer, curandera, infinita, eres luz. De mariposa tus piernas, dos alas para recorrer el mundo, la vida, la felicidad...

sábado, 26 de septiembre de 2015

Puntos importantes a tomar en cuenta.

1.Abre tu mente a todo y no te apegues a nada. 2.Que no pase un día sin que hayas expresado tu amor. 3.No puedes darle a otro lo que no tienes o no te das a ti mismo. 4.Disfruta del silencio. 5.Libérate el pasado. 6.Rompe con los patrones del subconsciente, date cuenta cómo piensas. 7.No guardes resentimientos, es un veneno que mata lentamente. 8.Vive tu vida como si estuvieras viviendo la vida que quieres, recuerda que la imaginación es la fuerza más grande de todas. 9.Ten fe. 10.Transmuta tus pensamientos negativos en positivos. Que tengas un bello y bendecido día. Nurkia

viernes, 25 de septiembre de 2015

¿Cómo cerrarte a las energías negativas?

1. Debes mantenerte en equilibrio espiritual (cualquiera que sea tu sendero o práctica religiosa) así como estar en contacto con la naturaleza, las plantas, los animales y la tierra, esto nos ayudan a equilibrarnos energéticamente, nos ayuda a intercambiar energía en una especie de fotosíntesis. 2. No te resistas a las situaciones que no puedas controlar, en su lugar, suelta. Cuando sientas que algo no te llena, no te hace feliz o no te hace sentir cómodo, ya sea un lugar o una persona, cámbiate de lugar, suelta, libérate. No aparentes y no te resistas a soportarlo, ¿por qué lo haces? sólo estás contribuyendo a que tu energía positiva se debilite. 3. Límpiate, recarga tu energía. Para limpiarte debes moverte, alejarte, hacer cambios en tu vida, imaginarte que estás mejor, que todo estará bien y que estás protegido por la luz. Limpia tu espacio, tu casa y tu oficina, trata de mantener un equilibrio en todo lo que te rodea, recuerda que como tienes tu casa (tus cajones, tu guarda ropa, etc) tienes tu mente. 4.Sé fuerte. Nadie hará los cambios por ti. Busca recargar tu valor interno. 5.Sé consciente de tu aura. El aura es una especie de burbuja que nos protege, es nuestro campo energético, éste se puede debilitar con rapidez si no estás en equilibrio. 6.Perfuma tu ambiente con olores que te inspiren. Los aromas nos ayudan a sentir un mejor estado de ánimo. 7.Sé consciente de tus pensamientos, ¿qué te dices a ti mismo, a los demás? Cambia tus pensamientos malos, pesimistas, insultantes por positivos, verás que al hacerlo todo lo que te circunda tomará otro color. Deseo que tengas un día hermoso, lleno de luz y energía positiva. Nurkia

sábado, 25 de julio de 2015

Introducción de mi libro La llave.

Les comparto la introducción de mi libro "La llave" Introducción Con el paso de los años he comprobado que la felicidad se encuentra dentro de si mismo. Se da como consecuencia al descubrir y desarrollar el máximo potencial (talentos, misión, vocación, etc), estar en balance interno y vivir acorde a ello; el inconveniente es que hay diversas circunstancias o situaciones que nos distraen, limitan y alejan de esa certeza nata e intrínseca. Habrá quien crea que la felicidad está en las cosas materiales, el reconocimiento personal, en la conquista del amor de pareja; en el logro del poder o de éxito (cualquiera que sea la interpretación de éste) y no en ese equilibrio que fortalece el interior e incrementa el amor propio provocando un estado de plenitud interna, pues cierto es; que el resultado de tu mundo externo es el reflejo de lo que llevas dentro: de tus pensamientos, sentimientos, deseos, emociones, de cómo enfrentas las situaciones de la vida al igual que la actitud que tomas ante ella. En cambio, aquellas búsquedas erróneas de la felicidad están ligadas al ego, los apegos o el miedo, incluso al placer y, el vacío que genera una satisfacción falsa o momentánea, termina a la larga por derrotar el bienestar interior y el autoestima. La satisfacción a la que me refiero es a esa alegría que no se finge y nace de la fuente primaria del ser, provocando congruencia entre lo que somos y lo que verdaderamente queremos: realizar los deseos de nuestra alma. Descubrir la vocación, el talento o la misión de vida, es una manera que el hombre tiene para ayudarse a sí mismo y a los demás; al descubir tus talentos también encuentras una llave para abrir la puerta que conduce en gran medida al equilibrio que se persigue. “Si hacemos lo que nos gusta, elevamos nuestra energía y vivimos en un estado positivo que atrae lo mismo”. El problema es que por diversas circunstancias, no todos tienen la ventaja de enfocarse en hacer lo que les gusta. Se envuelven en la rutina o se dejan llevar por la obligación del deber-ser que dictan los demás; no precisamente su interior y poco a poco van perdiendo el ánimo de perseguir sus sueños. En este libro expreso algunas ideologías reflexivas que considero fundamentales para lograr el balance entre cuerpo, mente y espíritu: esa conexión estrecha con la esencia del alma. Vivo con la ferviente convicción de que el alma tiene la finalidad de trascender hacia otro plano, siempre y cuando hayamos evolucionado en esta vida. Creo también que el ajetreo diario nos aparta del fin mismo de todo ser humano: la búsqueda del ser, su felicidad y crecimiento. Para lograrlo debemos escuchar esa brújula interna que llamamos instinto, es la voz interior que Dios nos regaló para seguir el camino hacia el bienestar y el amor, una hermosa burbuja de armonía y paz, lo que tanto necesita nuestro mundo, que se ha roto por falta de fe en uno mismo y en los demás. Este libro se llama La llave, porque tú tienes la llave para abrir la puerta hacia tu propia felicidad, nadie más puede lograrlo o hacerlo por ti, te pueden dar la clave, la guía o los consejos, pero sólo en el interior de tu alma tienes las respuestas, basta con que te decidas y tomes el reto de seguir en la búsqueda de tu evolución. No será fácil, pero valdrá la pena, asi que ábrete, obsérvate, analizáte y suelta lo que no te permite avanzar. Acéptate con todos tus errores y defectos, valora tus virtudes, con la fuerza poderosa de la fe, la confianza, el amor y todo lo positivo que vive en ti. Ábrete hacia un mejor futuro, hacia un ambiente de luz, de tranquilidad y paz. El cambio sólo puede darse cuando existe el deseo profundo del alma y se camina con la intención de realizar transformaciones interiores, tanto de conducta como de pensamiento. Mediante estos escritos quiero compartir herramientas que en lo personal he aplicado a mi vida y pueden serte de utilidad, para limpiarte de acciones pasadas por medio de la introspección y el perdón. Recuerda que tus acciones pasadas no definen quién eres. Redescubrir una mejor versión de ti mismo es posible a cada momento. Una vez asimiliados tus actos y hacia donde vas, puedes hacer los cambios pertinentes para reprogramar tu mente, limpiar tu corazón y volver a empezar. Cada día es una nueva oportunidad para reescribir tu presente. La llave concatena una propuesta de trilogía integral: siete Arcángeles, siete Leyes metafísicas y siete Chakras. No pretendo que sea religioso, en cambio sí espiritual, (que son dos cosas distintas) pues lo que persigo es un mayor crecimiento en todos los aspectos. Somos cuerpo, somos mente y somos espíritu. En la vida nos han enseñado a comprobar todo lo que decimos, tener cien pruebas de ello, mostrar mil credenciales para ser certeros; mi propuesta es distinta: apuesto por la fe, la energía, la mente, la intuición, el deseo y el corazón para guiarnos en este viaje terrenal. T. Harv Eker menciona lo siguiente: “Según mi experiencia, lo que no puedes ver de este mundo es muchísimo más poderoso que cualquier cosa que puedas ver. Estarás de acuerdo o no con esta afirmación, pero en la medida que no apliques este principio en tu vida, tendrás problemas, ¿por qué? Porque estás yendo en contra de las leyes de la naturaleza según las cuales lo que hay debajo del suelo crea lo que está por encima de él, lo invisible crea lo visible”. Espero que estos consejos sean una herramienta para ayudarte a identificar aquello que requieres cambiar y así lograr tu crecimiento en todos los aspectos. Deseo que seas un alquimista de tu propia vida y encuentres la paz que necesitas, que conozcas el perdón para disfrutar de la felicidad y la magia que llevas dentro y sobre todo, que vivas tu vida rodeado de amor, luz y bendiciones.

jueves, 12 de marzo de 2015

De la moda, lo que te acomoda!

Sigo sin entender el estereotipo impuesto con esos diseños para chicas de una delgadez extrema, en los que, a mi punto de vista, la sensualidad femenina no tiene cabida y lo único que se consigue es desfigurarla. ¿Qué pasó con las curvas que simulan senderos, pendientes y volcanes? Ésas que muestran la belleza de la mujer real y no la que venden las revistas: Caprichos de diseñador que rozan la ridiculez, escudados en el aporte de novedades para el mundo de la alta costura. Uno de los problemas es que se crea la impostura de que lucir bella es sinónimo de esqueleto, por lo que las adolescentes y mujeres con baja autoestima pretenden parecerse a la modelo de revista, creyendo que así son más chic y se olvidan de que todo es una fantasía, una trampa de la mercadotecnia. Te venden la ilusión de clase y estilo acompañado del término “flaco en los huesos” y que no se me malinterprete, estar delgado, pesar acorde a tu estatura y llevar una alimentación balanceada para sentirte bien contigo es lo más saludable, pero no llegar al extremo tal de lechuga y agua para no engordar, y tampoco se malinterprete que no me gusta la moda, al contrario, me encanta, pero siempre aplico el dicho: “De la moda, lo que te acomoda”. Hace algunos años tomé un curso de modelaje en San Diego y recuerdo una de las clases en la que el maestro comentó que entre más duela una postura mejor sale la foto, haciendo énfasis en la pose couture —se colocan las manos en la cintura y se inclina el torso hacia delante, para que los huesos de la clavícula se marquen más, normalmente se usa para modelar vestidos de gala—. El caso es que nunca entendí la belleza en lucir el hueso de la clavícula, mucho menos en las poses de contorsionista, que en lugar de resaltar la figura la deforman. Aunque a últimas fechas ya encontramos modelos como Robyn Lawley o Candice Huffine, que bien pueden caer en el polo opuesto. Los ciclos de la moda siempre están en constante cambio, como todo en la vida, de otra forma no tendría sentido, pues hay que innovar, se trata de vestir a la mujer con diversas opciones a elegir, es un juego que tiene que ser divertido y no un calvario al momento de escoger una prenda. Luego en la tienda encontramos ropa de telas vaporosas o escotes muy pronunciados, que dependiendo quien la porta, divide una delgada línea entre lo sexy y lo vulgar, eso sin pensar que las medidas no siempre corresponden a lo que marca la etiqueta. Encuentro todo de verdad en esa otra frase que reza: En gustos se rompen géneros y creo que lo más importante es ser auténtica, ser fiel a ti misma y crear el estilo que más te defina, pues si bien es cierto que debemos buscar y sacar provecho a las partes de nuestro cuerpo que sabemos lucen mejor, de tal forma que nos sintamos cómodas y a la vez seguras. El autoestima se refleja de adentro hacia afuera y, sin duda, hay que tener bien claro que tú haces a la ropa y no la ropa te hace a ti.

jueves, 26 de febrero de 2015

Mujeres místicas.

El poder que tiene la mujer es enorme, aunque algunas duden de la fuerza y la magia que llevan dentro. Durante siglos, la mujer se ha enfrentado al sometimiento y la creencia de que es el sexo débil (si lo vemos desde un punto de vista físico), pero cuenta con un arma muy poderosa que contrarresta esa desventaja: El sexto sentido, la famosa intuición, esa percepción extrasensorial que nos alerta del peligro, nos ayuda a tomar decisiones y es nuestra mejor consejera, es una brújula que guía nuestros pasos y, claro, me gusta pensar en ese sexto sentido como una especie de magia con la que se puede lograr todo lo que te propongas. La palabra mística viene de la voz griega mystikós, en la antigüedad era aquél que figuraba entre los que eran admitidos en los antiguos misterios y que practicaban el misticismo: El estado de la persona que se dedica a Dios y las cosas espirituales. También es conocida como lo que incluye misterio o razón oculta. Desde tiempos ancestrales, las mujeres místicas eran mujeres sabias que mantenían una conexión especial y constante con la madre naturaleza, escuchaban sus mensajes con el alma, prestaban atención a los ciclos lunares y observaban plantas y animales para aprender de ellos y obtener un beneficio: Desde curar a un enfermo hasta elevar la energía de las personas. Como todo en la vida tiene dos polos: Negativo y positivo, hay que admitir que no todas las mujeres místicas buscaban contrarrestar la negatividad, por lo que se tergiversó el término de mística sabia por bruja, maga o hechicera. La magia, según el Glosario Teosófico de H.P. Blavastky, es la ciencia de comunicarse con potencias supremas y supramundanas y dirigirlas. Es sabiduría; la ciencia y el arte de utilizar conscientemente poderes invisibles (espirituales) para producir efectos visibles. La voluntad, el amor y la imaginación son poderes mágicos, que todos poseen y aquél que sabe la manera de desarrollarlos y servirse de ellos de un modo consciente y eficaz es un mago. La hechicería no es magia, se halla con ésta en la misma relación que las tinieblas con la luz. La hechicería trata de las fuerzas del alma animal; la magia trata del poder supremo del espíritu. En El libro de la mujer, Osho menciona que: “Lo primero que hay que tener claro es que fue el cristianismo el que condenó la palabra bruja, por lo demás, era una de las palabras más respetadas, tan respetadas como místico, un hombre sabio. Significaba simplemente una mujer sabia, el paralelo de hombre sabio, pero en la Edad Media el cristianismo se vio enfrentado a un peligro. Había miles de mujeres que eran mucho más sabias que los obispos, los cardenales y el Papa. Conocían el arte de trasformar la vida de las personas”. Norma Blázquez Graf, en su libro El retorno de las brujas, explica que bruja fue un concepto creado en Europa por las élites cultas del siglo XIV al XVII, mediante la transformación del concepto de hechicera. En una entrevista para el periódico La Jornada, Blázquez menciona que en realidad las brujas eran mujeres que practicaban diversos oficios, como parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimientos en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del diablo. Y esas mujeres representaban una amenaza para el modelo social masculino. Toda mujer lleva dentro de sí una sabiduría nata que la dota de gran fuerza, que la ayuda a crear magia en todo lo que hace. Cuando pienso en una mujer mística, pienso en mi madre y en todas las madres buenas que han transmitido amor. En esas mujeres que practican la alquimia con sus palabras y acciones, y que también echan mano de su sexto sentido para sí y para guiar a los que la rodean. En aquéllas que tienen distintos dones y los emplean para ser mejores, con el fin de contribuir a su crecimiento como ser humano. Todas las mujeres llevamos una mujer mística dentro, algunas la han olvidado por diversas razones, sin embargo, nunca es tarde para regresar a ella, para escuchar la sabiduría ancestral que se anida en nuestra alma y nos sirve de guía en este viaje terrenal.

viernes, 23 de enero de 2015

Uno de los temas que abordo en mi libro: La llave.

El ego es todo lo contrario a la sencillez. Es esa vocecilla que nos grita por más, es otra manera de nombrar a la ambición, es ese animal hambriento que vive dentro de nuestro ser y se alimenta del Yo. Todo a nuestro alrededor influye para que el ego crezca, la misma sociedad nos impulsa a eso: A ser competitivos, a tener cada vez más (cosas materiales, títulos, reconomientos, etcétera), con la falsa idea de que eso nos hace mejores. En ocasiones se confunde el ego con exceso o carencia de autoestima, aunque en lo personal considero que son dos cosas distintas, ya que puedes tener un autoestima elevado y no por eso exceso de ego. El ego siempre está buscando satisfacer tus deseos con base en parámetros sociales, lo cual no permite que despiertes la conciencia de tu ser. Osho, en El libro del ego, menciona un ejemplo maravilloso. “Alejandro Magno tenía enormes problemas. Su yo interno quería ser el conquistador del mundo, y casi llegó a conquistarlo. Digo casi por dos razones. En su época, no se conocía la mitad del mundo, por ejemplo América. Y, además, entró en la India, pero no la conquistó; tuvo que retirarse. No era muy mayor, sólo tenía treinta y tres años, pero durante aquellos treinta y tres años se había limitado a pelear. Se había puesto enfermo, aburrido de tanta batalla, de tanta muerte, de tanta sangre. Quería volver a su patria para descansar, y ni siquiera logró eso. No llegó a Atenas. Murió en el camino, justo un día antes de llegar ahí, veinticuatro horas antes. Pero, ¿y la experiencia de toda su vida? Cada vez más rico, más poderoso y después su absoluta impotencia, al no ser capaz ni siquiera de retrasar su muerte veinticuatro horas. Había prometido a su madre que una vez que hubiera conquistado el mundo volvería y lo pondría a sus pies como regalo. Nadie había hecho semejante cosa por una madre, de modo que era algo único. Pero aun rodeado de los mejores médicos se sintió impotente. Todos dijeron: —No sobrevivirás. En ese viaje de veinticuatro horas morirás. Será mejor que descanses aquí, y quizá tengas alguna posibilidad. No te muevas. Ni siquiera creemos que el descanso te sirva de mucho. Te estás muriendo. Te acercas cada vez más, no a tu patria, sino a tu muerte, no a tu hogar, sino a tu tumba. —No podemos ayudarte. Podemos curar la enfermedad, pero no la muerte. Y esto no es una enfermedad. En treinta y tres años has gastado tu energía vital en luchar contra esta nación y contra la otra. Has desperdiciado tu vida. No es enfermedad, simplemente has gastado tu energía vital inútilmente. Alejandro era un hombre muy inteligente, discípulo del gran filósofo Aristóteles, quien fuera su tutor. Murió antes de llegar a la capital. Antes de morir le dijo a su comandante en jefe: —Este es mi último deseo que debe cumplirse. ¿Cuál era aquel último deseo? Algo muy extraño. Consistía en lo siguiente: —Cuando llevéis mi ataúd a la tumba, debéis dejar mis manos fuera. El comandante pregunto: —Pero, ¿qué deseo es ése? Las manos siempre van dentro del ataúd. A nadie se le ocurre llevar un ataúd con las manos del cadáver fuera. Alejandro replicó: —No tengo muchas fuerzas para explicártelo, pero, para abreviar, lo que quiero es mostrar al mundo que me voy con las manos vacías. Pensaba que era cada día más grande, más rico, pero en realidad era cada día más pobre. Al nacer llegué al mundo con los puños apretados, como si sujetara algo en mis manos. Ahora, en el momento de la muerte, no puedo irme con los puños apretados. Para mantener los puños apretados se necesita vida, energía. Un muerto no puede mantener los puños cerrados. ¿Quién va a cerrarlos? Un muerto deja de existir, se le ha escapado toda la energía y las manos se abren por sí solas. Que todo el mundo sepa que Alejandro Magno va a morir con las manos vacías, como un mendigo”. Como seres humanos, siempre nos preocupamos más por conseguir en vida logros que alimentan el ego y no el espíritu. Nos cuesta trabajo despojarnos de los patrones aprendidos del deber-ser, que es lo que se espera de nosotros, pues es difícil ir en contra de la corriente. Sin embargo, una vez que se entiende y se vive intentado despojarse del ego, entras en otra frecuencia que no concibe egoísmos y se disfruta la vida de diferente manera, saboreando de los placeres que a simple vista parecen los más pequeños, aunque en realidad son los más grandes.

jueves, 8 de enero de 2015

Navidad sin árbol.

El pasado diciembre me rehusé a comprar árbol navideño. No quise comprarlo no porque no me gusten sino porque no sentí el deseo de decorar mi casa con luces y esferas de colores. Sólo coloqué un nacimiento y una nochebuena, y mientras lo hacía; me puse a pensar en todo lo que se ha tergiversado el significado de un día tan especial. Se ha vuelto más un requisito de la sociedad que un día de agradecimiento. Las tiendas atiborradas con objetos alusivos venden felicidades momentáneas que inician con una sonrisa y terminan con la tarjeta de crédito. El árbol de navidad y el significado de los ornamentos decorativos ha ido cambiando a través de los tiempos. Se cree que hasta principios del año 700 un evangelizador Alemán tomó la costumbre de los nativos europeos que adoraban al dios del sol, adornando un árbol para venerarlo, este evangelizador lo cambió por un pino para simbolizar el amor de Dios, luego lo decoró con manzanas como símil del pecado original y con velas para simular la Luz de Jesucristo en el mundo, (no quiero imaginar cuántos incendios hubo) hoy en día en lugar de manzanas y velas, colocamos esferas y luces. Tampoco es que pensara saltarme la navidad o que me pusiera en huelga contra la mercadotecnia, simplemente que opté por disfrutar más el significado de la fecha. Me sigue entusiasmando tener a mi familia reunida, preparar la cena y abrazar a mis seres queridos, decirles cuánto los amo, dar gracias por esos momentos que no tienen precio. Este 2014 no hubo esferas en mi casa, ni moños, ni renos, ni galletas de jengibre o Santa Claus, tan sólo un nacimiento y una nochebuena. Observo la nochebuena que coloqué sobre la mesa y sonrío. La flor de nochebuena era utilizada por los mexicas para honrar al dios del sol, era un símbolo de vida nueva y creían que el color rojo se lo daba la sangre de los guerreros en sus sacrificios. Mucho tiempo después los españoles la tomaron como objeto decorativo para estas fiestas decembrinas. Se que Dios está en todas partes, en el amor de mi marido, en el abrazo de mis padres, en el cariño de mis hermanas, en el saludo de un amigo, en el aprecio de mis perritos, en la sonrisa del extraño. Dios está en todos los pinos de navidad e inclusive en esta única flor roja con forma de estrella que aún adorna mi mesa y que a su ves parece corresponder a mi sonrisa.