jueves, 21 de octubre de 2010

Las vueltas que da la vida.

A finales del mes de septiembre estuve en mi ciudad natal, Ensenada Baja California. De nuevo, me invitaron a participar en la Feria del Libro del Politécnico Nacional y siendo sincera, albergaba ciertas dudas al respecto, ya que tomando en consideración el incidente del año pasado, no estaba segura de asistir (para los que no sepan o recuerden lo que me ocurrió en enero de 2009, pueden encontrarlo en entradas antiguas, mes de febrero y lleva por título "Aprendizaje") el caso es que decidí que sería una buena oportunidad para estar con mi novela en la feria y que las personas supieran de mi esfuerzo y el gusto por la lectura, y cómo no, también no dejarme amilanar por la opinión de gente que la verdad no merece la pena.
Pues ahí voy, con mis libros, mi energía, mi sonrisa, mi positivismo y mi entusiasmo de conocer gente, de platicar, de que me cuenten sus historias, de convivir, de compartir el lado humano y sensible.
Me encantó conocer a personas que también tienen el mismo deseo por publicar sus escritos, me gustó la idea de poder darles ánimo y de transmitirles mi experiencia para que no se dejen vencer.
En una ocasión, se acercó un señor y sonriendo le dije:
— En cien pesos con todo y autógrafo incluido.
Correspondió a mi sonrisa y me preguntó:
—¿Tú eres Nurkia?
Respondí afirmativamente, tomó la novela entre sus manos y me dijo:
— A nombre del Politécnico, quiero ofrecerte una enorme disculpa, me enteré de lo que te sucedió el año pasado y siento que hayas tenido que pasar un mal rato. Esa persona que te humilló, ya no se encuentra con nostros. Ahora yo soy el nuevo director— Extendió su mano y le correspondí el saludo.
Estuvimos conversando algunos minutos y pude percatarme de que es una persona amable, sincera y sencilla, y que también escribe. Me causó buena impresión y sobre todo quedó una puerta abrierta en el Politécnico.
Una vez más, vuelvo a comprobar que la vida da muchas vueltas, que Dios siempre está con nosotros y que hay gente buena todavía.
Que mientras sigamos luchando por nuestras metas se seguirán abriendo caminos y el tomar lo bueno de lo malo nos hace madurar y por ende crecer.
Ahora veo aquel enero de 2009, como un gran aprendizaje pero sobre todo como una gran experiencia.
¿Qué sería del ser humano sin ese balance?
Las envío buena vibra queridos lectores, y recuerden, todo es enseñaza.
:)

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Qué hace el dolor mezclándose con la alegría?
Esa interrupción a la felicidad debería ser prohibida, absuelta, diluida, no debería existir —me dije—, sin embargo, ¿qué sería del ser humano sin poder apreciar los dos extremos?
El dolor y la alegría son como el día a la noche, como el sol a la luna, como el mar al desierto, como ese contraste de emociones que se lleva el tiempo, pero que nos hace crecer, comparar, madurar, reconocer, corregir, apreciar, sufrir y reír, esa disparidad de sentimientos que nos permite dar gracias a la vida y al Creador, por otorgarnos la oportunidad de experimentar dichas sensaciones a lo largo del camino.
La vida, es ese conjunto de experiencias que guardamos en nuestra caja de recuerdos, experiencias vividas, momentos inolvidables… y andando por su sendero nos aferramos a ella cual náufrago a una tabla de madera, sin recordar que sólo estamos de paso, que algo más allá nos espera… y ¿qué es ese algo? quisiéramos saber, no está a nuestro alcance entenderlo, aunque nos reconforta creer que así sea.
La muerte en cambio, es esa transición del cuerpo, ese desprendimiento físico, esa expiración del soplo de vida que concluye con lamentos en la tumba de los familiares por el ser querido y la reminiscencia de tiempos pasados.
He vivido la muerte tan de cerca para saber que desgarra el corazón y el alma, pero una vez más coincido en que la vida sabe resarcir el dolor y redimir la tristeza.
Festejemos a la muerte entonces con colores, que cuando alguien falta, todo es negro. Festejemos a la muerte entonces con comida que cuando alguien falta el apetito se esconde. Festejemos a la muerte entonces con flores que hemos olvidado de entregar en vida. Festejemos a la muerte entonces con velas para iluminar nuestro dolor. Festejemos a la muerte entonces con calaveras para recordar que somos tan frágiles y que la vida se nos escapa en un suspiro.
Mofémonos de la muerte sutilmente. Hagámosle bromas, pues ella se burla de nosotros. Riamos descaradamente a nuestras anchas, que algún día nos encontraremos frente a frente.
Entonces podemos responder por qué el dolor se mezcla con la alegría y es para soportar la inminente victoria de la muerte.