jueves, 26 de diciembre de 2013

Anoche soñé que estaba en un hospital. Me iban a extirpar un tumor maligno y en eso entra una enfermera para decirme que iba a morir. Que eso sucedía para que se continuara con la armonía del universo. La verdad el tema de la muerte no me da miedo, creo que hay otra vida después de ésta y que estamos aquí para crecer. Se acerca el final de un año más y como cada año me gusta hacer recuento de lo que me ha pasado, pues es una manera de comprobar las metas alcanzadas y plantearnos las siguentes. Si la muerte llegara a sorprenderme, a pesar de que me faltan muchas cosas por hacer, me iría tranquila. He cometido errores y aprendido de ellos, sin esas enseñanzas no estuviera donde estoy, no viera la vida en la forma que la veo, no supiera lo que es depurar y enfocar como aquél otro sueño que tuve hace casi cuatro años y es tan vívido, tan certero como esas dos palabras para retomar el camino. Y sí, siempre faltará tiempo para alcanzar metas, lograr objetivos, visualizar sueños, nunca será tarde para replantearnos dónde estamos y hacia dónde queremos llegar, para corregir, para estar satisfechos con nosotros mismos. Agradezco a Dios y a mis ángeles que están conmigo y caminan a mi lado. Nadie sabe cuánto tiempo le queda de vida terrenal, así que hay que gastarlo sonriendo, externando sentimientos positivos ,demostar a nuestros seres queridos lo que nos importan y alejar todo lo negativo de nuestras vidas, todo lo que carcome el alma.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La importancia del silencio.

Siempre he sido una persona que disfruta del silencio. Me parece que encontrar un espacio de silencio es maravilloso para hacer introspección, pues el agetreo diario nos aparta de esa frecuencia que ayuda a mantenernos en balance. He conocido personas que no soportan estar en silencio, que tienen que prender la radio o la televisión para sentirse acompañados,yo más bien creo que es porque temen enfrentarse a ellos mismos, a sus propios temores, a reconocer que deben hacer cambios en sus vidas y pretenden acallarlos con cualquier distractor, pues no es fácil hacer cambios, eliminar manías, malos hábitos, quitar cosas o personas de tu camino, eso require de fuerza y decisión. El silencio trae consigo paz, pero si no se tiene la paz interna tampoco se tendrá silencio. Se puede estar rodeado de gente y sentirse solo, se puede estar solo y sentirse acompañado. El silencio es como un espejo, refleja nuestro interior, ¿cómo está el tuyo? ¿empañado? Empieza a limpiarlo poco a poco, recuerda que dentro tenemos una brújula que nos guía, que nos orienta y siempre nos da la dirección correcta, así que si tienes que hacer cambios, empieza escuchando tu interior, buscando un espacio de silencio donde te oigas con claridad.

sábado, 14 de diciembre de 2013

De regreso.

La existencia es un constante cambio. Un ir y venir de ideas, movimientos, pensamientos, acciones, sentimientos y situaciones algunas inesperadas, otras planeadas; que conforman nuestro todo, el día a día, los planes a futuro. Han sido nueve meses los que he dejado de escribir en este espacio precisamente por ese trajín del tiempo que nos circunda y envuelve con sutileza, más no por eso he dejado de perseguir mi sueño y mi meta. Cierto es que han ocurrido bastantes cambios en mi vida, todos de un aprendizaje importante para mi crecimiento interior. A últimas fechas, eso del crecimiento interior es una parte fundamental en mi vida, tan ligada a mis pensamientos y mis actos, que no me concibo ya sin esta parte reforzada en mí. El primer paso para tornar mi vida hacia el rumbo de la espiritualidad y autoanálisis fue el haber renunciado a mi trabajo, pues de nuevo empezaba a sentir que caía en una depresión por estar haciendo lo que no me gusta y gracias al apoyo de mi marido, puede tomar la determinación de dejar de trabajar. Ahora estoy en esa etapa de desapegos materiales, con un acercamiento mucho más profundo a mi interior y con la soledad como compañera. Disfruto de la naturaleza que me rodea, pues vivo en un rancho y me cargo de energía bajo la sombra de mi árbol, un espacio para el placer de disfrutar el viento, el sonido de los pájaros, el atardecer, de un buen libro y sobre todo agradecer cada día, ahora tengo más tiempo para leer y escribir, tanto así que ya terminé mi cuarta novela Vida Arrabalera, y tengo un nuevo proyecto que lleva por título "La llave". Ahora sí siento que estoy retomando mi rumbo. En ocasiones los cambios nos dan miedo, pero te recomiendo que te atrevas a seguir tu instinto, lo que te dicta el corazón, deja lo que te molesta, lo que te disgusta, lo que te tiene atado, abre las alas y lucha por lo que quieres, que nadie lo hará por tí, sigue con optimismo tu interior y ahí encontrarás las respuestas que buscas. Así como lo hice yo.

sábado, 9 de marzo de 2013

Casi 33.

Dejé la ciudad para regresar al campo. A esta quietud que la naturaleza transmite. El silencio roto por el sonido de las aves, la brisa de la mañana que me golpea el rostro con suavidad diáfana y fresca. Tomo la taza de café entre mis manos, percibo su aroma y saboreo el reconfortante líquido en un trago mientras pienso en los cambios y sorpresas que nos da la vida. El lunes cumpliré 33 años. Hace unos meses me encontraba en mi departamento sin siquiera imaginar o planear el cambio de residencia, esto una vez más me confirma que aunque hagamos planes o proyectos la vida te da sorpresas cuando menos lo esperas. El día que me muedé de aquí, hace casi dos años, lo hice pensando en que la cuidad era lo mío, el ajetreo me vendría mejor que la paz de la naturaleza y me daría más oportunidad en todo sentido. Aunque debo confesar que en ocasiones pensaba en este lugar, en despertar con esta tranquilidad sin vecinos en derredor —como que la taza de café me sabe mejor— ideas mías tal vez, quizá y como la mente es tan poderosa, en el fondo mi deseo de estar de regreso se hizo realidad, igual y debía salirme de aquí para poder valorar lo que tenía. Lo cierto es que estoy feliz por el regreso y de iniciar un nuevo año también. Como todos los años me gusta hacer recuento,sacar el balance, para ver qué es lo que tengo que mejorar y agradecer. Este año que está por concluir fue el año de la salud, tuve algunas complicaciones con la extracción de una muela del juicio lo cual me llevó a perder casi 6 kilos, también me detectaron una rara condición que se llama costocondritis, como si eso fuera poco la gripa me tumbó por algunos días y para cerrar con broche de oro, una bacteria se instaló en mi intestino sintiéndose ama y señora de aquel reino tibio, del cual al fin después de unos meses, pude desterrar gracias al enfrentamiento de una embate guerrillero con medicamento de artillería pesada. Salí bien librada de mis ataques corpóreos, supongo que él mismo pide a gritos un cambio cuando no está en el lugar indicado, que de alguna manera expone su objeción y quizá lo mío era regresar al campo. No todo fue enfermedad claro está, también presenté mi segunda novela "Expediente 93" en Ensenada, Tijuana, San Diego y Guadalajara en la FIL. Inicié el guión de cine de la misma historia en conjunto con René Bueno, una excelente persona y talentoso Director y Productor de cine, orgullosamente Ensenadese como yo, que por azares del destino, se cruzó en mi camino para poder alcanzar la meta que me fijé 9 años atrás, cuando no tenía idea hacia dónde me llevarían mis letras, pero lo que sí tenía, era la certeza de que ese era el camino que quería tomar. En cuanto a diversión, mi viaje a España fue el respiro que necesitaba para olvidar enfermedades y trabajo. Los viajes son para mí la cereza en el pastel, la energía que me recarga, caminar ciudades, probar comida típica, saborear bebidas deliciosa, escuchar otro acentos, llenarme las pupilas con el entorno, respirar otros aires, observar la luna desde otro punto del planeta, es sin duda, uno de los placeres de la vida. En general, estoy a punto de concluir un muy buen año. Doy gracias a Dios y a mis ángles por su protección y bendiciones, por poner en mi camino a todas las personas que me rodean, las que están, las que se han ido, las que llegaron de paso para eseñarme mucho, inclusive para las que están a pesar de la distancia. No sería la misma sin los tropiezos, errores y anécdotas, sin todos los libros que he leido y sus historias, sin mis buenos y malos momentos, sin todo lo que me circunda. Y sigo escribiendo en esta lista de las cosas de la vida todo lo que quiero lograr...

lunes, 28 de enero de 2013

Este es un cuento que escribí hace tiempo, se los comparto. El andén se encontraba atestado de personas presurosas por tomar el tren. Ricardo empezaba a desesperarse, la paciencia no era una de sus virtudes y lo único que le importaba en esos momentos era llegar a su destino lo antes posible. Sentado en la banca extrajo de su bolsillo el reloj que había heredado de su abuelo; que en algún tiempo estuvo sostenido por una larga cadena de oro. Lo abrió con ansia, apesadumbrado constató el tiempo; el poco tiempo que le quedaba… y se sintió cual esclavo dominado por una determinación inflexible y temeraria, amenazando con arrebatarle la vida a mordidas, afirmando la inminente victoria de la muerte, mostrando unos colmillos filosos y a punto de hincar en cada minuto. Iban a dar las once de la noche. Hizo crujir sus dedos por inercia, no era que lo pensara, sino como una forma de exteriorizar su nerviosismo, una costumbre que cargaba desde pequeño. Se percató de sus dedos torcidos y se concientizó de ellos, le disgustaban, le parecieron gusanos chuecos y cabezones. A lo lejos vislumbró que el tren, al fin hacía acto de presencia, con diez minutos de retraso. Ascendió los peldaños y se apoyó en el barandal. Con aire ligero subió para buscar un asiento. Giró su vista en derredor para verificar que hubiese alguno disponible mientras sentía la vibración que producían las ruedas al deslizarse por los rieles. Le invadió el desgano; no tendría más remedio que realizar el trayecto de pie. Sin embargo, su fastidio se esfumó al advertir que una mano al fondo del vagón le indicaba que había un asiento disponible. Después de aquel día tan pesado al menos la suerte estaba de su lado y no te dría que aguardar dos horas parado. Atravesó el estrecho pasillo deteniéndose entre asiento y asiento. Se llevó una grata sorpresa al saber que compartiría asiento con una hermosa mujer, le dio las gracias por su amabilidad y poso las nalgas en la gastada butaca que había soportado millones de éstas a través de los años entre idas y vueltas de pueblo en pueblo. De reojo, trató de espiar el perfil de la chica, hasta que ésta lo tomó por sorpresa y le preguntó su nombre. Como adolescente, le respondió titubeante: — Ricardo. — Mucho gusto Ricardo, yo soy Laura — y le ofreció una linda sonrisa que mostraba una hilera de dientes blancos como terrones de azúcar —. ¿Hacia dónde te diriges? — Voy a Ciudad del Prado. — Vaya —exclamó — Yo me quedo a mitad del camino. Él, no supo cómo interpretar aquella frase, ¿había cierta picardía en el tono de su voz, o se lo estaba imaginando? ¿Acaso empezaba a delirar por aquellos ojos color miel o era el cansancio que lo hacía sacar conjeturas erróneas? La luna que se asomaba por esa inmensa oscuridad, iluminaba los rasgos de Laura tan deliciosamente que sintió un deseo inmenso de poseerla. Sin planearlo siquiera, sus bocas se encontraron y perdió el sentido de lo circundante… reconoció sus labios como si los hubiera estado esperando toda la vida, húmedos, desesperados, llenos de pasión, con un sentimientos que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. Laura se acercó un poco más. No estaba seguro de continuar o desistir, pero la mujer no hacía ningún intento por alejarse; así que correría el riesgo. Con lentitud su mano izquierda fue subiendo por la pierna de Laura, podía sentir la piel suave, tersa —bendito el cielo que llevaba la falda corta — pensó. Un ligero gemido fue emitido de los labios de la mujer, esto lo hacía todo tan excitante ya que no debían de hacer ningún ruido, no debían despertar a las personas que se encontraban dormidas en los asientos delanteros. La mano de Ricardo siguió su curso, se encontró con la braga de encaje y con avidez maniobró la tela haciéndola a un lado con sus dedos huesudos, Ricardo estaba hinchado de placer, el pantalón apretado hacía que se debatiera entre el dolor y el deseo. No podía más, ya no quería perder más tiempo, aquel era el momento perfecto para actuar. Se llevó la mano al bolsillo, palpó el reloj del abuelo y la navaja, tomó esta última y la enterró con presteza en la yugular de Laura, en un corte perfecto. Ella ahogó un gemido detenido entre la mano huesuda de Ricardo, a la vez que la recostaba en el asiento. —Disculpe señor. Ricardo sintió una mano sacudirle el hombro. Por un instante no supo dónde se encontraba. El sueño lo había vencido mientras esperaba en la estación de tren que lo llevaría Ciudad del Prado. No recordaba en qué momento pudo pasar y con pena se percató de que lo ajustado de sus pantalones lo delataban, se colocó el sombrero sobre la entrepierna tratando de disimular. El sonido del tren lo regresó al fin a la realidad. Sacó su reloj, revisó la hora, se trepó en el momento preciso, atravesó el estrecho pasillo, se dirigió hasta el último asiento. Volvió a sacar su reloj con esas manos de gusano que tanto detestaba, y por descuido lo dejó caer, se agachó molesto para recogerlo — Desde cuándo debió colocarle una cadena aunque no fuese de oro —pensó. Al incorporarse se encontró con una mujer de piernas torneadas y sonrisa agradable. —¿Me puedo sentar? Ya no hay otro asiento disponible, ¿está ocupado? — preguntó la chica. El, respondió con un movimiento afirmativo de cabeza, le hizo un espacio a la chica al tiempo que palpaba con sus dedos de gusano, el bolsillo de su pantalón para sentir la navaja.

miércoles, 16 de enero de 2013

Les comprarto mi escrito para la Revista Reportaje.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Para quienes compartimos el gusto por los libros, asistir a la segunda feria más importante a nivel internacional nos llena de regocijo; recorrer los pasillos de la FIL Guadalajara, con sus estantes repletos de diversas portadas, cientos de editoriales, variedad de géneros literarios, de mundos e historias ocultas entre las páginas dispuestas a ser descubiertas por algún lector ávido de aventuras, de conocimiento, de aprendizaje: Un sin fín de opciones a escoger para saciar a todo tipo de público. Se percibe un ambiente de camaradería, de unión por el mismo deleite. Dentro de ese marco, estuve presentando mi segunda novela, Expediente 93, lo cual me llena de una gran satisfacción; sin embargo, lo que también me llena de satisfacción es poder ser un instrumento más para exhortar a los jóvenes que comparten la misma inquietud y el amor por las letras, a que persigan sus sueños, ya que considero que es lo que nuestro país necesita, más apoyo y aliento en el ámbito literario. La escritura es una profesión ardua, en muy pocos casos remunerable. Se escribe por amor al arte, por placer, por devoción, por ese sentimiento que te recorre el cuerpo y que te exige exorcizar pensamientos, emociones, en ocasiones persiguiendo musas, interpretando enigmas ocultos en los recovecos de la piel o buscando respuestas entre el teclado (antes tintero). Quizá, tan sólo se escriba para cerciorarnos de que no se esfume una idea, un pensamiento, para perdurar en el tiempo. El ser humano necesita del arte para sensibilizarse y apreciar lo bello de la vida, para olvidarse un poco de la triste realidad en la que vivimos, para combatir la ignorancia y la carencia, no nada más monetaria, sino de espíritu. Estando en la sesión de preguntas y respuestas de mi ponencia, una chica me preguntó si no me daba vergüenza publicar mis escritos por el miedo a que no gusten o a la burla. He tenido varias presentaciones tanto de Expediente 93 como de La huida, y nunca nadie me había preguntado tal cosa. Imaginé que así como ella tenía esa inquietud (por razones obvias se estaba proyectando) seguramente habría varios jóvenes con el mismo temor, ya que podemos pensar o sentir que el tema literario es elitista, lo cual en algunos casos es cierto; no obstante, todos iniciamos por algo y la misma vida, el tiempo y el esfuerzo nos hacen madurar y crecer. Así que le aconsejé no darse por vencida: Todos hemos pasado por críticas u obstáculos, pero no debemos permitir que eso nos detenga; por el contrario, hay que perseguir nuestro objetivo. La chica al final de la conferencia, se acercó a mí para agradecer mis palabras, dejando la sala con una sonrisa y prometiendo enviarme sus letras para compartirlas conmigo. Cuando escribo, no pienso en quién leerá mis novelas. Simplemente me dejo llevar por los hilos de la imaginación creando personajes, ambientes, lugares que transporten al lector y lo hagan olvidarse de la rutina. Pero cuando encuentro a jóvenes como ella y los animo a que no renuncien sin antes intentarlo y volverlo a intentar, sé que no nada más escribo novela, sino que participo y contribuyo a fomentar la cultura, y eso, me enorgullece tanto como ver mis escritos publicados.