jueves, 10 de marzo de 2016

Nuevo ciclo.

Estoy a escasas horas de cumplir 36 años. El crecimiento ha sido grande, provechoso, maravilloso. Precisamente esta mañana me encontré un caracol. La espiral es emblema de crecimiento. Y, ¿qué es esta vida sino eso mismo? Un constante trepidar en el tiempo y el espacio, un mágico vaivén de curvas y elevaciones, de rutas por construir que terminan donde empiezan y acaban donde inician: desde el centro de nuestro interior y se expande hacia todo lo que nos rodea. La espiral también está relacionada con la fuerza femenina de la serpiente del cambio, personificación de la diosa, de ese símbolo místico de la búsqueda del alma. Y no cabe duda que persigo sin cesar ese crecimiento, ese proceso evolutivo hacia un plano mayor, hacia un desarrollo en todos mis aspectos. Espero que los 36 me reciban contentos, felices y orgullosos pues los 35 anteriores me han enseñado tanto, me han ayudado a formar este rico bagaje de enseñanzas y el caracol que me encontré es una señal de que mi estudio sigue, pues somos un círculo inconcluso donde todos conectamos y seguiremos conectados, seguiremos fluyendo en este universo infinito con la finalidad de transformarnos para bien, para mejor.