viernes, 11 de febrero de 2011

Carta.

Carta encontrada en un libro antiguo.


Las letras me abandonan, las ganas se me escapan y sigo tomando café para levantarme el ánimo. Entre las mañanas desoladas y las noches frías sigo extrañando tus letras, eres la persona que alimenta ese hueco que nadie más puede, con tu prosa poética y tus palabras filosóficas, me develas un mundo más real pero ficticio a la vez, real porque tus conclusiones son tan certeras y ficticio porque nadie lo ve como tú, con esa transparencia de lo bueno y de lo malo, de lo bello y lo horrendo.
Recuerdo tus palabras, soy libre… sin embargo, esa libertad ha mermado, se extingue poco a poco y tengo miedo, mucho miedo de perderme, pero me da más miedo el saber quién soy y ya no quiero ser yo, no quiero ser quien era, porque si soy quien era estoy perdida. Porque ser quien era significa ser un ángel caído, y no quiero ser un ángel caído, sino todo lo contrario. ¿Me castigo acaso al tomar ésta actitud? ¿Me flagelo negándome a lo prohibido? Estoy apagada.
Agradeceré tu pronta respuesta.
Con cariño,
La amiga que mucho te quiere.