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Mostrando entradas de octubre, 2014

El extraterrestre y yo.

La primera vez que vi al extraterrestre eran las seis de la mañana, a mediados de enero de 2003. Lo recuerdo perfecto, como si hubiera sido ayer, pues la impresión que me causó la llevaré conmigo toda la vida, así como su imagen. No puedo explicar con palabras la sensación que experimenté, era tan distinta al miedo o al temor, era tan peculiar como ese ente que tenía enfrente, quizá porque los miedos son aprendidos y temerle a un extraterrestre no estaba en la lista. Abrí los ojos por la fuerza de la luz que había en la ventana de mi recámara y lo descubrí ahí, parado a un lado de mi cama, observándome con sus ojos negros de ónix, con su piel translúcida entre el gris espectral y el blanco etéreo: Era bajito, flaco y sin sexo, con una raya delicada por boca y dos pequeños orificios en la nariz. Se quedó mirándome por un minuto o lo que a mí me pareció un minuto; yo, creyendo en ese momento que estaba en un sueño, me percaté que no era así y salí de la modorra para quedar estupefacta …

Sofocando el llanto.

Hace algunos días estaba leyendo un artículo sobre Las Plañideras, mujeres que contrataban en el antiguo Egipto para expresar el dolor en los funerales, porque los deudos tenían prohibido llorar en público. Se vestían con túnicas azuladas, los senos al aire libre y el cabello suelto. Elevaban los brazos como signo de desolación y lloraban a grito abierto, quizá recordando a sus muertos, alguna pena propia o vaya usted a saber, tal vez sólo sacaban a relucir su vena actoral. Luego los romanos continuaron con esa tradición, pensando que el número de plañideras contratadas indicaba su estatus social y también el aprecio por el difunto. Lo que más llamó mi atención es que usaban un vaso especial llamado lacrimatorio, para guardar las lágrimas, y lo enterraban con los restos mortuorios, para honrar al difunto. En cuanto a la tradición cristiana, se creía que esas mujeres con sus llantos desgarradores abrirían las puertas del cielo. Para mí, el llanto es una válvula de escape que me desinf…