miércoles, 26 de marzo de 2014

El miedo.

Les dejo mi tercera entrega para la revista Coma Suspensivos, www.comasuspensivos.com.mx El año pasado, estando en una feria del libro en Ensenada, encontré un ejemplar de La Viuda, novela de la gran escritora María Luisa Puga. La portada llamó mi atención: una mujer mayor, robusta, sentada, recargada sobre varios cojines y sosteniendo entre sus manos hojas blancas… me miraba expectante. Tomé el libro y quedé atrapada desde las primeras líneas. “Me da miedo, pero sí hay que aprender a decir no. Miedo porque nunca lo había hecho. No tengo la costumbre. No creía que se pudiera. Y no importa que mi situación en este momento se deba a un no, precisamente. No me quise venir en avión. No quise que me trajeran mis hijos en coche ni que Pina mandara por mí. No. Escogí el tren. Pensando en las películas, lo más probable. En viajes que hice de joven a Guadalajara. Cómo iba a saber que ya no era lo mismo. Pero qué tonta, pues ya nada es lo mismo, cómo no se me ocurrió. Ni Acapulco, ni la Ciudad de México, y Pátzcuaro seguramente tampoco. Han pasado cincuenta años ( desde que me casé…)” María Luisa Puga narra de manera sencilla, fluida y precisa la historia de Verónica, una mujer que no sabe cómo manejar su libertad luego de la muerte de su marido, ya que, durante cincuenta años ha estado dedicada a su familia, pasando por alto sus deseos. Aparte de asimilar la soledad, le llega el momento de tomar sus propias decisiones. Durante ese proceso, descubre una travesía hacia su interior, afrontando sus miedos. ¿Qué puede esperar de la vida una mujer que nunca ha decidido sola? ¿Qué proyecto personal puede trazarse quien nunca ha vivido por cuenta propia? Al terminar de leerla, me quedé pensando en el miedo. En cómo nosotros mismos somos el gran saboteador, los únicos que provocamos esa parálisis o detrimento, nadie más. El miedo es un patrón de conducta, aprendido desde la infancia, podría decirse heredado. Miedo a la muerte, miedo a perder la seguridad económica, miedo a perder el amor de una pareja, miedo a correr riesgos, miedo al cambio, inclusive miedo al qué dirán. Es la sombra que persigue al ser humano, que lo estanca. En La etología del miedo, Osho comenta que “El miedo sólo existe en el mecanismo de la mente. Y la mente no es otra cosa que el conjunto de los condicionamientos recibidos de otros. Siempre que te encuentres con algo nuevo tu mente te dice: —Espera, esto es muy extraño; es algo que no habías hecho nunca antes. No hagas nada que no hayas hecho antes; no lo hagas, es arriesgado. ¿Quién sabe cuál será el resultado?—. La mente es siempre ortodoxa porque vive a través de programas. Ella quiere que sólo hagas aquello que ya has hecho, porque en eso eres bueno, eficiente. Es más seguro, ya sabes hacerlo ” Si nos hacemos conscientes de cuáles son nuestro temores, podremos analizarlos y enfrentarlos desde una perspectiva más objetiva. Sabemos que el miedo no se puede eliminar, pues es una energía que existe, que está, pero con el hecho de comprenderla la podemos transformar, inclusive aplicar soluciones. Estamos conscientes que no podemos crecer con miedo ni desde el miedo, ya que el mundo, la vida misma, es evolución y el ser humano debe adaptarse a los cambios, crecer con ellos. Abordar el tema del miedo es muy complejo, está relacionado con los apegos, con el pasado, con el deseo, con la madurez, con el perdón, con muchas circunstancias a las que nos enfrentamos a diario. No pretendo sonar ingenua ante este tema, tampoco impertérrita, tan sólo es la reflexión que el libro de la gran escritora Puga me dejó; una invitación a la introspección, a la recapitulación de los temores y planteamientos a futuro, de lo que me ancla, lo que me invita a volar, lo que sé debo dejar atrás o perseguir. Tú, ¿a qué le tienes miedo? Nota: Comparto este pensamiento de Doreen Virtue, el cual me pareció interesante, y como soy creyente de que la mete atrae lo que deseamos, quizá haya alguien que lo quiera repetir. “Libero mis miedos antiguos, porque ellos nunca fueron parte de mi verdadero ser. Soy fuerte ahora y siempre, poseo mi poder con amor y gracia, avivado con pensamientos bondadosos, emociones positivas y fe total”

jueves, 13 de marzo de 2014

Proyectos de cine, sueños y algo más.

Les comparto, mi segunda entrega para la Revista Coma Suspensivos, no dejen de visitarla, se encontrarán con artículos muy interesantes!!! www.comasuspensivos.com.mx El director de cine René Bueno me recibió en su oficina, enfundado en pantalones de mezclilla, gorro negro con rayas azules, camisa color vino y sonrisa franca. Un póster grande de su última película, Recién Cazado, cubre gran parte de la pared a su espalda, a mi lado derecho fotografías de su primera película, Siete mujeres, un homosexual y Carlos, y en la esquina un perchero del que cuelgan varios gafetes con entradas preferenciales a festivales de cine y eventos especiales. Tomé asiento, con libreta y pluma en mano me dispuse a interrogarlo. Soy de la creencia que si puedes visualizarlo, puedes lograrlo. En 2002, con veintidós años, la carrera de licenciado en comercio exterior terminada, un buen trabajo y todo lo que cualquier egresado puede soñar, me vi envuelta en una especie de sopor depresivo, pues lo que había estudiado no me apasionaba. Fue resultado de una búsqueda interna y como pleno ejercicio experimental que encontré en las letras mi vocación, aprovechando mis ratos libres para escribir. No quiero ahondar en detalles, pues no es ésta la historia que quiero contar, no obstante, es un punto indispensable para la misma. Un domingo del verano de 2005 decidimos, mi novio (actual esposo) y yo, ir a rentar una película. Entramos al lugar y escogimos Siete mujeres, un homosexual y Carlos. Nos gusta el cine en nuestro idioma, aparte el director es ensenadense, eso lo hacía aún más atractivo, pues también somos de Ensenada. Disfrutamos la película, recuerdo que discutimos el tema y los pormenores que se desarrollan durante los noventa y cinco minutos que dura el largometraje. Esa noche me puse a soñar que me encantaría algún día ver mis novelas en la pantalla grande. Por aquel tiempo no tenía conocimiento sobre el proceso de publicación y el vía crucis al que se enfrenta un escritor, ni hablar de lo que hay detrás del esfuerzo para filmar una película. Transcurrieron los años y en 2008 publiqué mi primera novela: La huida. Estando en una entrevista de promoción, por azares del destino, magia, suerte, coincidencia o como se le quiera llamar, la persona que me entrevistaba resultó ser primo de René Bueno —no cabe duda que el mundo es pequeño—, gracias a él pude hacerle llegar mi novela y aunque ésta no le interesó, jamás imaginé que esa primera novela, ese atrevimiento despojado de vergüenza y vestido de valentía, sería el que me abriría la puerta hacia la posibilidad de cumplir el sueño de algún día una de mis historias se hiciera película. Casi diez años después tenía a René enfrente y lo cuestionaba sobre su pasión; la manera en la que convertía en imágenes su forma de ver la vida, el mundo, su percepción y sensibilidad de todo aquello que le circunda y que transforma al unir en perfecta mancuerna historias, actores y lugares. —Empecé a los diez años de “jala cables”— comenta sonriendo—, mi padre conducía el noticiario local en Ensenada, así que desde pequeño tuve ese contacto. Siempre, el tema de las cámaras fue mi adicción y pensaba en contar historias. Sentía que cuando salía una película, todo mundo la veía y la comentaba, como que yo veía más cosas que los demás y me parecía raro. Lo que me confirma que perseguir un ideal con base en el esfuerzo y la dedicación, sin duda te conduce al éxito. René ha visto por más de treinta años los cambios tanto en tecnología como en la manera de pensar, así como el proceso progresivo de esta industria y me interesé en saber cómo ve al cine mexicano actualmente. —Lo veo en evolución positiva, está pasando por un periodo de crecimiento. El 80 por ciento de los directores, después de su primera película, no vuelve a dirigir, pues el proceso de filmación y todo lo que conlleva realizar un largometraje es muy complejo, incluso podría decir doloroso. Sin embargo, siento que hay una conexión entre el cine que se hace hoy y el público que con mayor frecuencia acude a verlo. De las películas mexicanas que se han producido recientemente, el 95 por ciento cuenta con los fondos federales, pero ahora, como hay tantos proyectos, los fondos federales ya no alcanzan y se están empezando a buscar otras avenidas, como inversión privada, apoyo en los gobiernos de los estados, patrocinios, etcétera. Nuestra plática se extendió durante una hora. Me enteré que somos el quinto país a nivel mundial en taquilla y que contradictoriamente sólo se destina un diez por ciento al tiempo en pantalla para las películas mexicanas, lo cual pone un freno a la misma industria. —¿Qué le cambiarías?— quise saber. —Una cosa técnica: El orden en cómo funciona el incentivo fiscal; esto es, primero resolver que te aprueben el proyecto y luego dar un tiempo de buscar a las empresas para que ofrezcan el incentivo, ya que se hace todo el trabajo de conseguir a dichas empresas primero para obtener la documentación, etcétera, y resulta que si no se aprobó el proyecto fue trabajo perdido. Me contó que sus mayores influencias han sido estadounidenses, aunque su director favorito es el italiano Giuseppe Tornatore, realizador de Cinema Paradiso, Baarìa, Malèna, entre muchas otras. Para René una historia interesante es aquella que tiene ritmo, sentido, que se desarrolla entre una mezcla de sorpresa y si muestra una lección de vida la vuelve aún más atractiva. —¿Qué es lo que más disfrutas al momento de filmar? —Disfruto desde la primera vez que digo acción hasta el momento del corte. No pude evitar preguntarle qué le había gustado de mi segunda novela, Expediente 93. “Es una historia original en el sentido de que siempre nos encontramos con que es el hombre el que engaña y aquí es al revés, creo que mucha más gente se puede identificar con la temática de la novela y el factor sorpresa que se desarrolla al final”. –¿Qué proyectos tienes en puerta? –Una película biográfica sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y una película independiente de siete historias, que lleva por título TJ I Love U –¿Qué consejo le darías a los jóvenes que quieren hacer cine? –¡Aventarse! Que lo hagan, tienen todo a su alcance para lograrlo. Aunque el proyecto de Expediente 93 sigue en la fila de espera, ahora sé que sin duda llevo un paso más avanzado de cuando me puse a divagar, deseando que alguien volteara a ver mis escritos y convirtiera mi loco sueño en realidad. Sigo creyendo que si puedes visualizarlo, ¡puedes lograrlo!

lunes, 10 de marzo de 2014

Último día del año.

Hoy, es mi último día con 33 años. Y como siempre, me gusta hacer recuento y agradecer las enseñanzas. Fue un año de aprendizaje, donde tomé decisiones para cambiar mi rumbo, enfocada en alcanzar mi objetivo: Escribir. Experimenté cambios, pérdidas, términos y renuncias. Mi marido, mis dos perros y yo, nos mudamos de nuevo al rancho y con eso la paz, la tranquilidad y una energía renovadora y positiva nos ha cargado (todo vuelve a estar en su lugar, a su debido tiempo y espacio). Concluí con el guión de cine de mi novela Expediente 93, renuncié a mi trabajo, visité Chiapas, finalicé mi cuarta novela Vida Arrabalera. Aprendí de mis errores, crecí espiritualmente, me desprendí de cosas materiales. La muerte llegó por mi abuela y la familia experimentó el trance doloroso del desapego físico, sin embargo, soy creyente de que el espíritu sigue. Llegaron a mí, la invitación para colaborar en la revista Coma Suspensivos y un nuevo proyecto de escritura con el que pretendo iniciar muy pronto. Mis 33 años estuvieron llenos de revelaciones y mensajes angelicales que me dieron la fuerza para continuar, contar con la confianza de que el sendero que camino se abre, que vendrán situaciones maravillosas. Sin duda fue un año fundamental, pues definí con mayor fuerza mi carácter y me perdoné por las malas decisiones tomadas en el pasado. De eso se trata, de superar los errores, luchar por las metas y sueños, hacer lo que nos gusta y nos eleve al mayor estado de todos, la felicidad; sin ella no podemos darnos a los demás y ser un instrumento de amor.