jueves, 23 de agosto de 2012

Realidad o Ficción?

Me preguntan, si lo que escribo tiene que ver con mi vida. Yo sonrío y niego, niego porque no me parezco al científico de “La huida” que intenta desarrollar un medicamento y al mismo tiempo pretende poner en la balanza su moral. Niego porque no tendría valor para abandonar una hija e intentar continuar con mi vida, caminando por la existencia perseguida por los fantasmas del arrepentimiento, tampoco podría ser partícipe de utilizar a otro ser humano en algún experimento o ser una chica de mirada dulce y corazón frío. Sonrío y sigo negando el tener algún parecido con esa mujer de “Expediente 93” que lentamente va perdiendo su autoestima para dar paso a otra distinta a la que era, difiero de que en la vida el dinero es lo más importante como alguno de mis personajes opinaría. No utilizaría el chantaje para lograr algún objetivo, ni reprimiría mi sentir o pensar sólo porque no sería bien visto en el círculo social; por mencionar algunos de los temas que se desarrollan en mis novelas. Sin embargo, creo que como escritora tengo la obligación de ser un tipo de mago que transporte al lector hasta determinado momento, lugar o sentimiento y poder desmenuzar tanto entornos como pensamientos; llevarlos a conocer otras vidas, o quizá hasta alguna historia que los haga identificarse. Me siento con esa responsabilidad de tocar temas diversos aunque reales como el amor, el desamor, la infidelidad, el orgullo, la ambición, el placer, entre muchos otros que nos conforman como seres humanos y nos van forjando el carácter, las decisiones y como consecuencia los desenlaces. Lo que respondo cuando me preguntan si mis escritos son realidad o ficción, es que todos los personajes tienen algo mío, porque están pensados y creados desde mi punto de vista, tienen dejos de mi personalidad pero rasgos propios…han encontrado la manera de expresarse a través de los hilos de mi imaginación. Observo, escucho, percibo, huelo e intento plasmar y me tomo la libertad de disfrazar pensamientos, coquetear con ideas, revestir el lenguaje, seducir al oído, sucumbir a mis temores, desfogar pasiones, romper miedos, matar desilusiones y creas ilusiones nuevas, reinventar el dolor, rescatarme de la tristeza. Así, no solo nacen las historias del escritor sino la empatía para el observador o lector, entonces al final tal vez, el papel del escritor es servir de instrumento o quizá es sólo un débil pretexto para exorcizar demonios que no tiene tantas ganas de desterrar, porque se quedaría sin material narrativo o porque está tan acostumbrado a ellos que le da miedo la soledad.

viernes, 17 de agosto de 2012

El amor a los libros.

El amor que siento por los libros se lo debo a mi madre. Me obligó a leer “El milagro más grande del mundo” primera historia que tuvo a mano, para mantenerme alejada de la televisión una tarde de verano de 1989 y desde entonces la magia de las letras me ha retenido cautiva entre sus líneas. Segura estoy que de no haber sido por esa imposición, el hábito de la lectura no formara parte de mi vida, ya que en la escuela no contábamos con programas enfocados a motivarnos o despertarnos el gusto ni la costumbre por leer. Durante mi formación académica en el período que abarcaba de la primaria hasta la preparatoria, no tomé ninguna materia enfocada al arte o la cultura y nos desarrollara la percepción, el gusto, el entusiasmo y las ganas por conocer más del mundo que nos rodea, que no fuera mero requisito para pasar la asignatura. Yo contaba con la ventaja de que los libros me habían atrapado y eso fue lo que generó en mí una consciencia crítica, una ambición por cuestionar, por saber más. Es lamentable que no todas las personas cuenten con alguien que les transmita ese amor por la cultura y el arte, llámese, pintura, escultura, literatura, música, danza, para lograr con esto una sensibilidad en el ser. Por eso creo que es obligación del gobierno mejorar los programas académicos y también contratar docentes comprometidos con su trabajo para lograr una educación de calidad, haciendo énfasis en esos temas, que sea una materia obligatoria como las matemáticas o las ciencias. Es triste conocer los resultados que arroja la SEP, con respecto a los índices de lectura donde la población mayor de 15 años tan sólo lee 2.3libros por año a diferencia de otros países como Noruega con 18 libros, por mencionar un ejemplo y aun conociendo estos resultados no haga nada al respecto. Si no se les inculca desde pequeños, aunque al inicio se vea como una imposición, difícilmente cuando lleguen a la edad adulta podrán romper el círculo para lograr un cambio en la manera de pensar y nos estaremos enfrentando a la misma lamentable situación, donde con tristeza compruebo que no ha habido avance durante todos estos años y no porque no se haya podido hacer algo al respecto, sino porque no se quiere en realidad alcanzar un cambio. Ya lo decía Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cambio de rumbo.

Me parece que escoger una profesión a la edad de dieciocho años es una faena difícil cuando no se nace con la vocación adherida a la piel y el sentimiento. Me identifico con esta premisa porque escogí una carrera sin experimentar pasión por ella, simplemente por cumplir con el requisito de ser universitaria y me subí a un navío que prometía un futuro próspero. Con el caminar del tiempo; fui descubriendo que las decisiones acertadas o no, desembocan en enseñanza y jamás me hubiera imaginado que el aprendizaje estaría en cambiar el rumbo, en la búsqueda más que material, de satisfacción personal. Así que intenté volcar el pensamiento como expiación de mi sentir y descubrí a través de las letras la respuesta que estaba buscando y aunque en la actualidad ejerzo lo que estudié, sigo creyente de que la escritura es mi destino. Sé que la mayoría de las personas en nuestro país no tiene el hábito de la lectura, sin embargo, intento contribuir para cambiar esa perspectiva. Hace algún tiempo estuve impartiendo una plática relacionada con el tema en una preparatoria de la región, comprobando con tristeza el desinterés de los jóvenes por las letras, ya que son muchos los distractores que existen, como la televisión, los aparatos electrónicos u otro tipo de ocio que no exija cierta disciplina, pero también confío en que varias personas que como yo, sigamos depositando nuestro granito de arena para romper con esos patrones y se logre un cambio. Porque lo que necesita nuestro país es gente apasionada por lo que hace, interesada por crecer no solo en lo económico sino en lo intelectual, y así mejorar en todo sentido., también agregaría gente que disfrute de los libros. En alguna ocasión definí a los libros como nuestros compañeros, amigos y amantes, con quienes viajamos y compartimos el maravilloso mundo de las letras. Que con su gran poder nos transporta a lugares tan recónditos como comunes, desde calles, avenidas, bosques, mares, ciudades, cielos, nubes, lunas y estrellas, quizá a otros tiempos, quizá a otras vidas u otros mundos, sin duda nuestros cómplices de aventuras y conquistas. Y como dijo José Vasconcelos “Sólo los libros sacarán de la barbarie a este país”