martes, 16 de agosto de 2011

Dragones alados.


Voy caminando hacia un futuro incierto... ando en penumbras.
Imagino residir en un castillo repleto de ideas atrapadas entre torres de humo, pensamientos rodeados de bardas grisáseas que tienen como objetivo no permitir a éstos su salida y expandirse, para crear algo más allá de estas murallas. Limitaciones que cuesta derribar.
Dragones alados que intentan penetrar cual plaga invasora, asaltantes repentinos que pretenden succionar las historias que habitan dentro de mi, avanzan seguros de sí, con sus lenguas en llamas quieren atemorizar mi creatividad, luchan por introducirse en mi guarida y desintegrarla, se valen de sus largas colas como segunda arma y de sus garras amarillentas y filosas para cortar los posibles bosquejos de personajes futuros.
Lucho, me entrego a la batalla sin cesar, con mi espada desenvainada y mi escudo protector, invoco a la inspiración con tanta fuerza y ella aparece en forma de lluvia, extinguiendo el fuego de mi oponente y con eso, permitiendo me acerque a esos monstruos, ellos al ver que su lumbre no cumple su cometido, hullen, escapan despavoridos ante mi valor, yo, intento recobrar el aliento, trato de recuperar mis fuerzas y poco a poco observo cómo las murallas de mi castillo se desintegran, permitiendo la vista hacia un inmenso horizonte, despejado y de verdes praderas, con un sol brillante como corona, que cubre mi piel y me reconforta, sonrío...
La penumbra ha quedado atrás.

3 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Cara Nurkia:

El bloqueo es pétreo, como las poderosas murallas de un castillo, impermeable, sin poros. Puede decirse que es la cárcel del alma. Hay quien suscribiría sin reservas esa definición, esta hermosa historia que hoy nos regalas...
El bloqueo no aletarga el alma entera, aunque algunos así lo vivan, sino su superficie, aquella parte por la que sale traducido el mundo íntimo. El bloqueo tapa y esconde, estrangula y ahoga. El escritor de verdad no se siente vacío al sufrirlos, a diferencia del principiante. Todo lo contrario. El río interior se agita más en esos momentos, se vuelve violento y se torna remolino al no encontrar salida. La forma del bloqueo es el silencio, o unos breves latigazos mecánicos que suenan como falsos ecos de lo que el bloqueo mantiene a raya. Así la cola de la salamanquesa se agita llorando la vida que no tiene.
El bloqueo duele de dos modos, según se sea aspirante o iniciado. El dolor del primero es sordo, tanto que a veces se siente meses o años después. El dolor del experto es violento, tiene los rasgos de una tortura contra la que se sabe que se lucha a muerte. No hay resignación y se quiere apurar hasta la última gota lacerante para conocer mejor al enemigo - perfectamente descrito en el dragón -.
Así se aprende que las batallas contra el bloqueo han de librarse cuando él no está. Pretender pelear cuerpo a cuerpo es destrozarse, reventarse contra un muro. Se trata de una guerra sutil, de una labor de zapa, llevada a cabo por los ejercitos del sentimiento, la inteligencia y la inspiración...Bendita lluvia...

Me encanta, Nurkia. Un abrazo.

Nurkia dijo...

Gracias amigo, por tu hermoso comentario, recibe un abrazo y muchas gracias por leerme.
:)

Drea dijo...

Hola Nurkia!!
me encanta tu entrada, creo que en algun momento todos los que escribimos luchamos contra los mismos dragones alados que tu.Un abrazo y muchos besos!!