jueves, 8 de septiembre de 2016

Es increíble lo rápido que el tiempo pasa. Hace cinco meses que no escribía por aquí. Durante este tiempo he vivido experiencias maravillosas,y hoy, hace exactamente un mes que venía de regreso de tierras lejanas. Me fui de viaje. Visité Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia y Rusia. Fue una aventura extraordinaria, disfrutar de tan bellos paisajes, de monumentos extraordinarios, colores, olores y sabores, sin duda un regalo magnífico para el alma. Todos los lugares que conocí me dejaron un recuerdo grato. Copenhagen y su sirenita, sus bicicletas, las terrazas de Nyhavn, el Castillo de Rosenborg y las joyas de la corona. Esta ciudad me recordó mucho a Holanda. Estocolmo me enamoró con sus islas y sus paisajes, puentes, avenidas, Gamla Stan, su casco histórico, parques y museos, sobre todo el Ayuntamiento, donde se celebra el banquete y baile de gala posterior a los premios Nóbel, fue una gran experiencia estar en un lugar tan importante, !Imaginé estar ahí celebrando, subiendo las escaleras y agradeciendo por mi premio! Jajaja. Visité el museo Vasa, ahí se encuentra el barco rescatado de las profundidades del mar Báltico donde permaneció por más de trescientos años, un espectáculo increíble. Probar el reno fue toda una experiencia para mi paladar, tiene un sabor muy parecido al venado pero un poco más fuerte. Para mi gusto esta hermosísima ciudad; una mezcla de Alemania y un cuento de hadas. Helsinki y su mercado antiguo, la catedral Uspenski de influencia ortodoxa hace un hermoso contraste, la plaza del senado, sus parques, callecitas adoquinadas, su marca Marimekko y la iglesia construida sobre el interior de una inmensa piedra le dan a este lugar un carácter único. Tallin, un lugar que te transporta a la época medieval, rodeada por murallas, con su plaza encantadora e iglesias interesantes, las calles empedradas y su vista panorámica rodeada de bosques y castillos, es sin duda un hermoso paisaje. Comer en restaurante Olde Hansa fue toda una experiencia, probé salchichas de una mezcla de reno, oso y jabalí, un banquete como los reyes con mezcla de especies, bayas de enebro y verduras, diferente y exquisito. San Petesburgo fue mi ciudad favorita, la opulencia, el esplendor y la riqueza de sus palacios me permite imaginar y palpar cómo vivían los zares, es la ciudad más europea de toda Rusia, un espectáculo digno de apreciarse, con sus ríos, canales, fuentes, esculturas, el palacio de Catalina y su cámara de ámbar, los jardines de Peterhof, recorrer la calle Nevski Prospect, la catedral de San Pedro y San Pablo, observar las obras de arte que resguarda el Hermitage, y entrar a la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, deleitarme con el ballet clásico en el teatro Marinsky, sin duda una ciudad majestuosa a la que me gustaría regresar. La verdad es que todo en el viaje me encantó, todos los lugares que recorrimos son preciosos, de San Petesburgo a Moscú pasamos por Novgorod, Valday, Tver, Sergei Posad, Suzdal y Vladimir, todas la pequeñas ciudades que conforman el anillo de oro están llenas de encanto, de iglesias, de casitas lindas de madera con su estilo tan característico. En Moscú sentí una curiosa mezcla de sentimientos, pensé mucho más en la época socialista y el sufrimiento de las personas en ese tiempo, en las historias de espionaje y la KGB, fue como entrar en algunas de esas novelas que he leído y sentirme parte de la historia. Se distinguen los edificios de ese periodo, fue apasionante caminar la plaza roja que significa "bonita", pensar en todo lo que se llevó a cabo en ese lugar, observar la iglesia de San Basilio con sus cúpulas de cebolla que simbolizan la llama de una vela y la fe en Dios, pisar el Kremlin, conocer sus iglesias, ver la gran campana Zarina y el cañón Zar, inmensos, como todo lo que los rusos quisieron hacer, todo grande, todo enorme, todo majestuoso, La catedral de San Miguel Arcángel, muy significativa para mi y otra catedral que me fascinó fue El templo de Cristo Salvador. Conocer el metro "el palacio del pueblo" qué gran experiencia, !El metro más bonito del mundo! con sus estaciones hermosas, decorado con tanto detalle y esplendor, en mármol, granito, murales, mosaicos, esculturas, toda una obra de arte. Algo que me conectó muchísimo fue el show folclórico Kostroma, un maravilloso recorrido por la historia mezclada con el arte y el baile, me sumergí en la historia con cada paso, con cada ritmo, con cada vestuario, los artistas transmiten la pasión, la fusión de cuerpos en movimiento. Sin duda este viaje es digno de ser repetido y mis palabras no logran interpretar la experiencia y transmitir mi sentir. Sólo me queda dar gracias a Dios, a mis ángeles y a la vida por haber vivido tan bonita anécdota. Una más para el libro de mi vida.

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Interesante experiencia de vida.
Un placer leerte por aquí.

Besos.