sábado, 9 de marzo de 2013

Casi 33.

Dejé la ciudad para regresar al campo. A esta quietud que la naturaleza transmite. El silencio roto por el sonido de las aves, la brisa de la mañana que me golpea el rostro con suavidad diáfana y fresca. Tomo la taza de café entre mis manos, percibo su aroma y saboreo el reconfortante líquido en un trago mientras pienso en los cambios y sorpresas que nos da la vida. El lunes cumpliré 33 años. Hace unos meses me encontraba en mi departamento sin siquiera imaginar o planear el cambio de residencia, esto una vez más me confirma que aunque hagamos planes o proyectos la vida te da sorpresas cuando menos lo esperas. El día que me muedé de aquí, hace casi dos años, lo hice pensando en que la cuidad era lo mío, el ajetreo me vendría mejor que la paz de la naturaleza y me daría más oportunidad en todo sentido. Aunque debo confesar que en ocasiones pensaba en este lugar, en despertar con esta tranquilidad sin vecinos en derredor —como que la taza de café me sabe mejor— ideas mías tal vez, quizá y como la mente es tan poderosa, en el fondo mi deseo de estar de regreso se hizo realidad, igual y debía salirme de aquí para poder valorar lo que tenía. Lo cierto es que estoy feliz por el regreso y de iniciar un nuevo año también. Como todos los años me gusta hacer recuento,sacar el balance, para ver qué es lo que tengo que mejorar y agradecer. Este año que está por concluir fue el año de la salud, tuve algunas complicaciones con la extracción de una muela del juicio lo cual me llevó a perder casi 6 kilos, también me detectaron una rara condición que se llama costocondritis, como si eso fuera poco la gripa me tumbó por algunos días y para cerrar con broche de oro, una bacteria se instaló en mi intestino sintiéndose ama y señora de aquel reino tibio, del cual al fin después de unos meses, pude desterrar gracias al enfrentamiento de una embate guerrillero con medicamento de artillería pesada. Salí bien librada de mis ataques corpóreos, supongo que él mismo pide a gritos un cambio cuando no está en el lugar indicado, que de alguna manera expone su objeción y quizá lo mío era regresar al campo. No todo fue enfermedad claro está, también presenté mi segunda novela "Expediente 93" en Ensenada, Tijuana, San Diego y Guadalajara en la FIL. Inicié el guión de cine de la misma historia en conjunto con René Bueno, una excelente persona y talentoso Director y Productor de cine, orgullosamente Ensenadese como yo, que por azares del destino, se cruzó en mi camino para poder alcanzar la meta que me fijé 9 años atrás, cuando no tenía idea hacia dónde me llevarían mis letras, pero lo que sí tenía, era la certeza de que ese era el camino que quería tomar. En cuanto a diversión, mi viaje a España fue el respiro que necesitaba para olvidar enfermedades y trabajo. Los viajes son para mí la cereza en el pastel, la energía que me recarga, caminar ciudades, probar comida típica, saborear bebidas deliciosa, escuchar otro acentos, llenarme las pupilas con el entorno, respirar otros aires, observar la luna desde otro punto del planeta, es sin duda, uno de los placeres de la vida. En general, estoy a punto de concluir un muy buen año. Doy gracias a Dios y a mis ángles por su protección y bendiciones, por poner en mi camino a todas las personas que me rodean, las que están, las que se han ido, las que llegaron de paso para eseñarme mucho, inclusive para las que están a pesar de la distancia. No sería la misma sin los tropiezos, errores y anécdotas, sin todos los libros que he leido y sus historias, sin mis buenos y malos momentos, sin todo lo que me circunda. Y sigo escribiendo en esta lista de las cosas de la vida todo lo que quiero lograr...

2 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Nada como regresar a la naturaleza y encontrarse con uno mismo y saber que Dios está ahí, en todos los caminos que nos toca por andar.

Un abrazo ;-)

Anónimo dijo...
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