jueves, 7 de abril de 2011


¿Por qué será que el ser humano se aferra tanto a los bienes materiales?, ¿Cuál es el verdadero valor que le otorga a un objeto que quizá no merece la pena?
Es innegable que el placer de contar en nuestro poder con artículos de valor nos hace sentir muy bien. Existe cierta dicha cuando tenemos en nuestras manos un anillo de diamantes, una bolsa de buena marca donde guardar nuestros objetos, sentir el placer de caminar con un par de zapatos finos, la suavidad de un abrigo de pieles que te proteja del frío y además le agregue personalidad a tu atuendo, es certero decir que podemos mejorar nuestro estado de ánimo cuando hacemos compras en el centro comercial,sin embargo está comprobado que el placer es momentaneo, una vez que pasa el efecto por el gusto de contar con algo nuevo, el sentimiento de vacío en algunas ocasiones es inevitable, como es inevitable que dejemos de ser consumidores porque es parte de nuestras vidas y no podemos negarlo.Vivimos en un mundo que no se puede apartar del consumismo, nuestros sentidos son abordados en todas las maneras posibles: gusto, tacto, olfato, vista y oído son atiborrados, y eso nos aparta cada vez más del valor real que tienen los objetos. Estamos sumergidos... atrapados, ya sea de manera consciente o inconsciente en la marea de la mercadotecnia.
Estoy segura de que las personas mas felices son las que cuentan sus recuerdos, no tanto sus bienes materiales.
Las que abren su album de fotografías y encuentran familiares y amigos que estuvieron y están a su alrededor porque los aprecian por lo que son, no por lo que tienen. Los que encuentran momentos maravillosos, anécdotas detenidas en el tiempo, guardadas en la caja fuerte de su memoria y de su corazón. Los que se ven jóvenes aún con el pasar de los años porque su alma está contenta y se proyecta su sentir en los ojos, en la sonrisa, en el abrazo y en la palabra.
Debemos dar mas importancia a nuestras relaciones que aumentar nuestra cuenta de banco, porque finalmente nos iremos de este mundo... desnudos.
Así que hay que llenar nuestra vida de buenos recuerdos, anécdotas, viajes,sabores, olores, de todo aquello que es un placer para el alma.
!A pero qué difícil es luchar contra ese poderoso caballero "Don dinero" ! ¿no es cierto?
En fin, sé que no podemos vivir sin dinero, porque con el puro amor no nos alcanza, pero sí podemos hacer un esfuerzo por valorar lo que realmente merece la pena.
:)

2 comentarios:

Gustavo Dost dijo...

Estoy de acuerdo. No podemos vivir sin dinero. Pero hay que valorar lo más importante.

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El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Hola, Nurkia:

El coleccionismo y el consumismo de nuestros días es seguramente la variante respetable de la avaricia.
Coincido plenamente contigo en que hay otro tipo de riquezas y mucho más baratas...
Aquí en España a estas alturas del 2011 ya nadie duda de que vamos hacia un mundo de estrecheces. Las vacas gordas pasaron a la historia y parece que para todos llegó el tiempo de apretarse el cinturón ( aunque los pobres se quedaran sin agujeros que apretar hace mucho tiempo ). Primero les llegó el agua al cuello a las clases medias; hoy hasta los más derrochones se ven obligados a mirar el euro...
¿ Es esto una desgracia ? Lo es, desde luego, cara amiga, para aquellos que pasan hambre. Pero yo me pregunto lo mismo que tú: si unos ciertos grados de estrechez no serán un don para el mundo y nos empujarán a descubrir todas esas fortunas que antes teníamos medio olvidadas. La más grande y barata de las riquezas es la amistad. Un buen amigo vale más que una mina de oro. Sentirse comprendido y acompañado es más sólido que cien mil acciones en bolsa. Alguien que nos ayude a sonreir no tiene precio. Los buenos recuerdos...

Un abrazo fuerte.